Una economía espiritual es posible?

quarta-feira, 8 de dezembro de 2021




Por Alfredo Sfeir-Younis 


La humanidad tiene frente a sí al menos dos grandes desafíos en este nuevo milenio: uno, reconciliar nuestro ser material con el ser espiritual y dos, reconciliar las necesidades individuales con las necesidades colectivas. Al primero le llamaré “la reconciliación entre la economía y la espiritualidad”  y al segundo “la reconciliación entre yo y el otro”.

Debido a que no hemos conciliado estas dos dimensiones de la vida humana, nos encontramos en guerra, exclusión social, sufrimiento, desilusión, ira, incapacidad de avanzar y muchos otros males.

Para analizar estos desafíos, podríamos hasta crear un figura cuadrangular la cual contiene las posibles alternativas que pudiesen ser analizadas en forma individual. Por ejemplo, seria interesante que discutiésemos las posibles alternativas alrededor de nuestro destino material-individual (MI) con relación al destino material colectivo (MC). En forma similar podemos hacer una reflexión sobre el camino espiritual individual (EI) y el colectivo (EC). Todas estas combinaciones y otras permutaciones –por ejemplo: material-espiritual (EM), individual-colectivo (IC)– ofrecen campos de reflexión para aquellos que están en el camino de la introspección y de su propia transformación humana.

Cada vez más vivimos en una sociedad globalizada. Nosotros vemos más sus resultados e influencias de lo que entendemos sus aspectos más transcendentales. Así es como sabemos que estamos globalizando a nuestras economías mientras que también nos damos cuenta que no se están globalizando las sociedades, los pueblos. Esto es el resultado de una fuerza exagerada que ejercitan la economía y las finanzas sobre otras dimensiones de la globalización como son, por ejemplo, las dimensiones ambientales, políticas, sociales, culturales, institucionales, humanas y espirituales.

La globalización decidió un diseño que fuera el resultado de los incentivos económicos y financieros; y aún los aspectos culturales, por sólo mencionar un ejemplo, se integran en torno a esos incentivos económicos y no a los culturales propiamente dicho. Como consecuencia, hemos entrado en un proceso en que hay culturas muy dominantes que hacen desaparecer lenguajes, pueblos, patrones culturales, sabiduría autóctona y diversidad, a todo nivel. Un mundo que se mueve rápidamente hacia la uniformidad en nombre de la eficiencia económica y financiera.

En muchos ámbitos, ésto se ha traducido vulgarmente como “lo que no se vende con una amplia ganancia, simplemente no sirve”. La competitividad –un elemento realmente importante en nuestras vidas– se transforma en un bumerang de proporciones negativas incalculables.  En otros ámbitos, esto se ha traducido en crecimiento económico primero, y protección del medio ambiente después. Más aún, como la economía y las finanzas son la fuerza motriz del materialismo de mercado, esto también se ha traducido en algo de un profundo significado sutil: “satisfaga sus necesidades materiales primero, y las necesidades espirituales después”. Otra manera de decir que la espiritualidad es el lujo de los que son ricos materialmente. Y así debilitamos a los pobres materiales y los sumergimos en el paradigma del mercado para asegurarnos que entran a este paradigma sin identidad propia, y los transformamos, por ejemplo, en "las masas obreras" o "las masas de consumidores".

La mayor parte de la gente ve a la globalización como un tren de alta velocidad, imparable y cuya atual dirección es inmodificable. Y a medida que esto penetra las mentes de la gente, las personas se retiran cada vez más de los espacios en que últimamente pueden ejercer alguna influencia en los ámbitos antes señalados. Es así como se concentra la riqueza en manos de unos pocos y se radicalizan los procesos sociales y humanos. Observemos a Irak y Afganistán como ejemplos recientes. Más dramático aún es el ejemplo que nos dio el genocidio en Ruanda donde millones de personas perdieron la vida. Los incentivos existentes van en la dirección a continuar estos procesos de radicalización.

La globalización hoy está guiada, de manera errada, por valores estrictamente individuales, ya que, por el contrario, toda globalización es el ámbito mas claro de lo colectivo. Hablamos de una ‘villa global’ pero no funcionamos con valores colectivos y globales para hacer que los que viven en dicha villa tengan posibilidades de éxito o mínimamente de sobrevivencia. Los valores que guían a la libre competencia, al comercio internacional y al intercambio de bienes, servicios e individuos son eminentemente personales y egoístas. Estos valores se esconden detrás de la figura de un gobierno, o de una corporación internacional, dando un dejo de movimiento hacia lo colectivo.

Eso es solamente la pantalla. La cosa de fondo es un individualismo extremadamente fundamentalista. Como resultado, vemos la exclusión de millones de personas que forman la masa de pobreza, miseria y hambruna en todo el mundo, incluyendo el mundo de los países llamados industriales o desarrollados.

Los valores del colectivo –como son los de amor, compasión, fraternidad, igualdad, entrega, servicio, etc– son básicamente olvidados. Por lo tanto, a pesar del debate que podamos tener acerca de nuestras realidades colectivas, en la práctica lo colectivo es un residuo mal generado de las transacciones individuales. En suma, el óptimo colectivo no está siendo generado como la suma de los estados óptimos individuales. Algo más se necesita para alcanzar el óptimo colectivo.

Fracasar en la globalización –debido a la extrema pobreza, marginalización, erosión progresiva del poder de las grandes masas de población, inequidad económica y de todos los otros tipos, y mucho más– es simplemente fracasar en nuestro destino colectivo como humandad.

Este es el milenio de la globalización. Fracasar en lo global significará más guerras, conflictos armados y de otro tipo, sufrimiento y, en última instancia, significará la pérdida progresiva de nuestros avances y riquezas materiales. El avance material no es independiente del avance no-material.

Vivimos en una sociedad materialmente rica y espiritualmente pobre.

Los adelantos en nuestras sociedades son básicamente medidos en forma material. La forma más popular de hacer esto es a través de la medición de los productos geográficos brutos de una economía.

Todo depende del consumo material de bienes y servicios.Este milenio comenzó con un consumo cercano a los 30 billones de dólares. De estos 30 billones, los más ricos (el 20% de ingresos superiores) consume el 86.5% del total, mientras que los más pobres (el 20% más pobre de la población) consume solamente el 1.3%. Esos son los niveles de consumo que cuadran con la destrucción ambiental, la pobreza y miseria y tantas otras falencias que nos toca vivir como generación.

No tengo nada en contra de lo material ni de que hayan ricos en una sociedad, sería muy ideal que fuésemos todos iguales. Lo que sí quisiera decir es que las inequidades están aumentando significativamente, haciendo de nuestro mundo colectivo un ámbito sumamente frágil.

Lo importante es saber qué nivel de conciencia tienen aquellos que poseen la mayor parte de los bienes materiales. Cuál es la conciencia humana de aquellos que tienen el poder y la influencia sobre los adelantos tecnológicos.

La conciencia humana es la clave y, a la vez, el puente que une lo material con lo espiritual. No podemos vivir en una asimetría entre un altísimo nivel de bienestar material con un bajo nivel de conciencia. Es aquí donde, nuevamente, debemos enfocarnos en el ámbito de lo individual y de lo colectivo, ya que sólo a mayores niveles de conciencia será posible integrar lo individual con lo colectivo. Y es allí donde se empezarían a tomar decisiones que fuesen más cercanas al nivel óptimo de bienestar en el campo de lo colectivo.

Los modelos que nos impone la globalización son esencialmente dominados por un paradigma de la riqueza material y de la pobreza espiritual. Lo espiritual no aparece como una dimensión relevante en los modelos económicos o sociales. La espiritualidad es hoy en día muy mal entendida, y como tal, se la excluye de las decisiones públicas. Pero un desarrollo económico y social sin espíritu es como una realidad artificial y vacía, sin identidad interior, sin un compás que muestre la dirección apropiada.

Sin embargo, hay leyes universales que debemos entender y practicar a la letra. En particular, que la riqueza material esta íntimamente ligada y es dependiente de la riqueza espiritual. Lo material no existe sin que todo esté ligado a lo no-material. No se trata de un visión espiritual, hoy en día hay muchísima evidencia científica que demuestra que la fuente de la materia es la no-materia. Por lo tanto, es cuestión de tiempo para que se vea el colapso de aquellas sociedades que sólo están en el camino del materialismo desarrollista.

La tecnología, que está a la base de dicho avance materialista, depende de la inteligencia humana. Y la inteligencia humana depende de los estados de conciencia que son capaces de manifestarse en forma material más avanzada. Altos niveles de avance material tienen que ir acompañados por necesidad de más altos niveles de conciencia espiritual.

Esto nos lleva a proclamar lo que se ha llamado “La sociedad del 200%”. Esta es una sociedad que es rica en ambos ambientes: lo material y lo espiritual.

Más aún, en esta sociedad del 200% el ámbito de lo material y de lo colectivo son uno solo. Esto se da a través del reconocimiento y de la práctica de la interdependencia humana y de la interdependencia de todos con todo. Es este principio de interdependencia que también nos lleva a desarmar la falacia de que podemos desarrollarnos sólo individualmente, sin hacer avanzar el desarrollo de lo colectivo.

En conclusión, no hay nada material que no tenga origen en lo espiritual, ni nada espiritual que no se manifieste materialmente. Más aún, no hay nada que signifique avance individual independiente del avance colectivo.

Por lo tanto podemos avanzar aquí un principio fundamental de la espiritualidad: cada uno avanza en lo personal para darse por entero al servicio de lo colectivo. No existe espiritualidad de lo personal exclusivamente, excepto como una forma de fetichismo. Pero eso no es espiritualidad

¿La economía espiritual es posible? Para responder a esta pregunta tendríamos que empezar por señalar lo siguiente: mucha gente ve a la economía como la demostración practica de lo material. Ven a la economía y la espiritualidad como dos posiciones extremas en la vida humana. Esto es simplemente el resultado de un error del intelecto.

La economía es una colección de diversos valores usados por la gente para aplicarlos en condiciones de escasez material. La economia es la ciencia de la escasez. Es la ciencia que explica o predice el comportamiento humano bajo condiciones de escasez.

Si los valores son individualistas, como se notó anteriormente, entonces el comportamiento de las personas bajo condiciones de escasez serán muy distintas a una situación en que los valores son colectivos. Es simplemente una cuestión de valores y por lo tanto, nuevamente, una cuestión de niveles de conciencia humana.

La evolución humana nos esta llevando cada vez más hacia la integración de valores humanistas y espirituales en la economía. Cuando la economía se rija por dichos valores comenzaremos la práctica de la economía espiritual. Esta es la economía del futuro. Esta es la economía que integrará los ámbitos materiales y espirituales, individuales y colectivos. Un camino inevitable para la humanidad dadas las situaciones de conflicto, inequidad y destrucción ambiental y social que estamos experimentando.

Para que los cambios propuestos aquí se materialicen se requiere de una revolución profunda de los valores que rigen a la globalización, de un compromiso profundo en el ámbito político y social y de una nueva forma de liderazgo que abrirá los caminos necesarios para el verdadero cambio. En general, podemos decir que la transformación humana o es el fiel espejo de un consenso pacifico o será el desgraciado resultado de nuevas guerras y conflictos. La decisión es nuestra.


* Alfredo Juan Sfeir-Younis es un economista, ecologista y guía espiritual​ chileno. Ocupó varios cargos en el Banco Mundial, donde fue considerado el primer economista ambiental.

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Impermanência

terça-feira, 14 de abril de 2020


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Uma nova civilização vem aí

quarta-feira, 1 de abril de 2020


De dentro para fora, da intimidade do ser para a objetividade das circunstâncias, há um movimento claro de transformação daquilo que chamamos de civilização. Nossa humanidade anda revoltada com o sistema, definitivamente percebeu que não vale mais a pena trabalhar uma enorme parte de sua vida individual para sustentar uma máquina burocrática que é corrupta e ineficiente. Em todos os países se dissemina essa revolta porque não foi imposta, pode até ser eventualmente manipulada, mas isso é irrelevante, o que importa é aceitar que há um movimento transformador e revolucionário que não pode ser detido. Este é o verdadeiro fim do mundo, uma revolução sem precedentes que realizará a transição planetária para um novo ciclo de civilização.
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De adentro para afuera, de la intimidad del ser para la objetividad de las circunstancias, hay un movimiento claro de transformación de aquello que llamamos civilización. Nuestra humanidad anda sublevada frente al sistema. Definitivamente percibió que ya no vale la pena trabajar una enorme parte de su vida individual para alimentar una máquina burocrática, corrupta e ineficiente. Prácticamente por todos los países se propaga esa rebelión popular. Una insurrección que no fue impuesta por nadie y aunque, eventualmente, puede llegar  ser manipulada esto ya es irrelevante. Lo que importa, sí, es aceptar que hay un movimiento transformador y revolucionario que no puede ser detenido. Éste es el verdadero fin del mundo: una revolución sin precedentes que realizará la transición planetária para un nuevo ciclo de civilización  
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La vida está en otra parte (ya estamos llegando)

segunda-feira, 30 de março de 2020



El pico de la pandemia del coronavirus todavía no ha llegado. El mundo actual -competitivo, omnipotente, egoísta y desorganizado- ni siquiera consigue comprender bien lo que está pasando y así, no logra aunar saberes y acciones para responder de manera conjunta y, por ende, más eficaz a las consecuencias de la peste.

Mucho menos pueden advertir que una vez que se logre domar al bichito insolente, agresivo y rebelde que hoy nos enferma y nos mata, mañana nada será igual. De a poco, comenzarán a aparecer indicios, señales de otro mundo, de un mundo nuevo. Sabiendo que esa hora llegará, estas simples palabras que nos entrega, con una pacificadora calma, Arturo Pietragrande, de la tribu de los Taitas, pueden servirnos para ir reflexionando. Vale la pena asomarse al video...

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Mãos na massa, construção sustentável

quinta-feira, 26 de dezembro de 2019


Bioconstrução é o termo utilizado para se referir a construções onde a preocupação ecológica está presente desde sua concepção até sua ocupação. Já na concepção, as bioconstruções valem-se de materiais que não agridam o ambiente de entorno, pelo contrário: se possível, reciclam materiais locais, aproveitando resíduos e minimizando o uso de matéria-prima do ambiente. Todo projeto foca no máximo aproveitamento dos recursos disponíveis com o mínimo de impacto.

Existem diversas técnicas para construir com este conceito. Entre elas podemos mencionar o Pau a Pique (ou casa de taipa), Cob, Adobe, Superadobe, Hiperadobe, Taipa de Pilão, Tijolo de Solo Cimento.

Na verdade, a bioconstrução é um término moderno para nomear técnicas ancestrais usadas há centenares de anos. Seguindo essas antigas tradições, uma grande parte da população mundial constrói aplicando os velhos saberes. Se calcula que entre um 30% e um 60% da humanidade levanta suas vivendas ensaiando bioconstrução.

 Assista no vídeo exemplos práticos de algumas dessas técnicas simples e fáceis de experimentar:


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Religiosidade é buscar dentro de si mesmo

segunda-feira, 17 de setembro de 2018


Por Marcos de Aguiar Villas-Boas

    As religiões, de um modo geral, ao longo da história têm recaído, em regra, em pessoas doutrinadas que seguem messias, livros, sacerdotes e dogmas. Cada um se afiniza com aquilo que vibra e as religiões terminam servindo àqueles que estão nas suas faixas de vibração, mas elas são desnecessárias para a ascensão espiritual, que tem a ver muito mais com um processo de autoconhecimento e automelhoramento.

    A religião que liga o indivíduo ao divino dentro de si não trata de seguir algo, mas apenas de encontrar a si mesmo por meio de uma constante busca. Religiosos tradicionais são seguidores de instituições, messias e gurus, mas religiosos, na acepção real da palavra, são buscadores.

    Então, meu trabalho não é um movimento para criar uma religião, mas para criar religiosidade. Eu encaro a religiosidade como uma qualidade – não como uma parte de uma organização, mas como uma experiência interior do próprio ser” (Osho, Autobiografia de um místico espiritualmente incorreto).

    Os verdadeiros mestres estão dentro de cada um, cada indivíduo é um mestre em potencial, de modo que só precisa despertá-lo. Os encarnados, que se sentem ainda tão dependentes de heróis, santos, messias, mestres etc., têm o mestre dentro de si, mas ainda não acreditam nisso.

    A humanidade não precisa de mais mestres que se apresentam como gurus dispostos a responder sobre todos os assuntos e a serem seguidos pelos demais. O processo de transição planetária da Terra requer facilitadores do autoconhecimento e do automelhoramento da humanidade, que colaborem para o despertar do mestre dentro de cada indivíduo, com a libertação das ilusões e limitações, muitas delas impostas pelo inconsciente coletivo e por atavismos individuais.

    É por isso que se fala tanto em despertar, expandir, ampliar a consciência como o objetivo mais importante da encarnação. Daí pode se entender até a utilidade do sofrimento, que, por linhas tortas,  muitas vezes consegue tirar o indivíduo daquela estagnação e lhe levar a perceber algo novo.

    Carta a la humanidad de una niña cristal

    sábado, 21 de julho de 2018



    * Por M. Alejandra Sandoval


      La luz, los sonidos fuertes, la comida, los químicos, los malos pensamientos, la mala “vibra”… Mi cuerpo ya no soporta ninguna de estas cosas. Médicos, psicólogos, psiquiatras… ninguno tiene una respuesta para mí.

      ¿Enfermedad?¿ Locura? ¿Mañas? ¡Quién sabe, fragilidad quizás! Tengo hace un tiempo una sensación de querer volver a casa, de que ya todo terminó y quiero volver a casa, y es una pregunta frecuente. ¿Si quiero volver a casa, entonces dónde estoy? ¿Acaso ésta no es mi casa? No sé a dónde quiero ir, sólo sé que quiero ir a casa con mis hermanos, con mi familia. Pero: ¿Y mi familia y mis hermanos, acaso ellos no son mi familia, no son mis hermanos?

      ¡Sólo sé que quiero volver a casa, pero no sé cómo!...

      Es como un sueño, del cual no puedo despertar. Veo todos los días de mi vida, desde que nací, esa mañana de verano cálida y dulce. Veo cómo se dañan entre ustedes, veo las injusticias que permiten, veo sus verdaderos rostros detrás de sus ojos. Y me pregunto: ¿Por qué fingen ser lo que no son? ¿Por qué están encerrados en su interior? ¡Tristes, enojados, simples y sensibles!

      ¿Por qué se lastiman a ustedes mismos? ¿Por qué quieren restringirse, privarse de ser lo que son? Seres Humanos. ¡Bellos, sensibles y perfectos seres humanos!... Mírense, sólo mírense a los ojos, vean sus almas. Déjense ver por los demás. ¿A qué le tienen miedo?...

      ¡Todos estamos hechos de lo mismo, nadie es más fuerte que otro, nadie es mejor, porque todos somos excelentes! ¡Son seres maravillosos, con una inteligencia enorme, con cualidades asombrosas, seres llenos de Luz, que iluminan este mundo con Amor!

      ¡Yo no veo sus personajes, yo veo sus almas, ese es mi Don!... 

      El nuevo mundo de la cultura colaborativa

      terça-feira, 29 de maio de 2018



      * Por Marcela Basch

        Intercambiar en lugar de comprar, compartir para no tirar, funcionar en redes por fuera de la lógica de acumulación. Del foodsharing al financiamiento colectivo, del carpooling al canje gratuito de alojamiento, en el mundo empieza a desarrollarse una economía alternativa capaz de reemplazar el uso convencional del dinero gracias a una herramienta imprescindible: la tecnología. ¿Podrá sostenerse en el tiempo?

        Maike Majewski se sirve un vaso de jugo de manzana de un tetrabrik con canilla. Tiene otras 14 cajas, en pago por cosechar manzanas en una finca de las afueras de Berlín, Alemania, donde vive. Saca dos panes irregulares de una bolsa y los tuesta; los consiguió por medio de la plataforma Foodsharing. Una hora antes de cerrar, una pastelería cercana posteó que le quedaban panes sin vender. Maike se ofreció a retirarlos; a la vuelta pasó por una verdulería asociada a la red y rescató kilos de brócoli, papa y lechuga. Es demasiado; tendrá que cocinarlos pronto para que no se arruinen y ofrecerlos a los vecinos. Baja al jardín y saca de la huerta común un poco de puerro.

        En el hall de entrada del edificio, cada vecino pegó en su buzón stickers que muestran lo que comparte: muebles, herramientas, libros, ropa. Busca una olla grande en la biblioteca de objetos compartidos, entre mochilas, juguetes y trineos. Sube al ático, donde hay un estudio común que prestan a huéspedes ocasionales que llegan a través de redes de hospitalidad gratuita como Couchsurfing. La última donó una camiseta a la canasta de Gratiferia. Maike se sienta junto a su máquina de coser y la "upcicla": la arregla hasta dejarla mejor que nueva...