La libertad de ser uno mismo

quarta-feira, 28 de setembro de 2016



 "Al éxito y al fracaso, esos dos impostores
trátalos siempre con la misma indiferencia.
-Rudyard Kipling-
* Por Miriam Subirana

En los años que llevo acompañando a la gente en su desarrollo personal, observo que hay ciertas preguntas que nos planteamos prácticamente todos en algún momento de nuestra vida y que prevalecen desde la Antigüedad. Tendemos a darle vueltas a cuestiones del tipo ¿quién soy yo realmente? o ¿cómo puedo llegar a ser yo mismo? Y a la hora de las respuestas hay una tendencia a martirizarse, a funcionar bajo unas creencias que nos bloquean y estresan ante la posibilidad del cambio y la incertidumbre que de él deviene. 

Las personas se orientan a menudo por lo que creen que deberían ser y no por lo que son en realidad. Se vive demasiado condicionado por los juicios de la gente y se trata de pensar, sentir y comportarse de la manera en que los demás creen que debe hacerlo. Es como si quisiéramos ser quienes no somos.

Occidente ha creado una sociedad competitiva en la que se aspira al éxito y la excelencia, y se tiene al fracaso como algo horroroso. Desde la infancia aprendemos juegos de competición y somos considerados por otros como hábiles o torpes, buenos o malos. En el colegio nos juzgan los profesores y compañeros de clase. Sentimos la presión de tener que ser el número uno en nuestra promoción, en el deporte, en definitiva, en nuestro ámbito. En vez de disfrutar de cada etapa, nos centramos en procurar ganar para alcanzar el primer puesto en todo, y esto va configurando la identidad (falsa) de cada uno.

El papel de los padres también es básico: frases como “esto es bueno”, “no seas malo” o “esto no se hace” son típicas en el vocabulario de los progenitores. Pero el abuso de este tipo de indicaciones puede menguar el carácter del niño. Crecemos dando importancia a la opinión de los demás y a su mirada, porque creemos que determinan nuestro valor en la comunidad. Una vez adentrados en el mundo universitario y laboral, la cantidad de maneras en las que creemos que podemos "fracasar" sube en escalada. 

Cada encuentro con alguien puede recordarnos algo en lo que somos "inadecuados". Desde el estilo de ropa hasta el corte de pelo. Alguien le dirá que se relaje y disfrute más, otro le reclamará que no trabaja suficiente y que está desperdiciando su talento; alguno le recomendará que se centre en la lectura o que hinque más los codos. 

Por otro lado, la imagen que proyectan los medios de comunicación también puede generar frustraciones personales. ¿Tiene la presión normal, ha viajado suficiente, cuida a su familia, está al día de política, su peso es el adecuado, hace suficiente deporte, ha visto la última película más taquillera? Este tipo de cuestiones hace sentir que cualquiera no está a la altura de las circunstancias.

Ser o no ser
El filósofo existencialista Sören Kierkegaard (1813-1855) señalaba que la forma más profunda de desesperación es la de aquel que ha decidido ser alguien diferente de sí. El psicoterapeuta estadounidense Carl R. Rogers decía al respecto: “En el extremo opuesto a la desesperación se encuentra desear ser el sí mismo que uno realmente es; en esta elección radica la responsabilidad más profunda del ser humano”. Esa es nuestra principal tarea, todo lo demás debe ser afluente que tribute a ese río. 

Cuando el individuo decide mostrar su verdadera personalidad debe tomar consciencia de qué visión tiene de su persona. Cuando logramos tener esa imagen realista no nos ahogamos con objetivos inalcanzables ni nos infravaloramos con propósitos que nos empequeñecen. Para ello debemos plantearnos metas adecuadas a nuestro carácter. Un ejemplo: el que quiere adelgazar pero no se ve más delgado. Por mucho esfuerzo que haga, no será duradero y volverá a ganar peso, porque sigue sin verse más flaco. Si quiere perder peso de verdad tendrá que cambiar la imagen que tiene de sí mismo, verse en su versión más delgada y modificar ciertos hábitos mentales y de conducta para llegar ahí, a esa imagen.

Para ser uno mismo es necesario conocerse 
y ser consciente de hasta qué punto
la imagen que uno tiene de su persona
coincide con su yo real y auténtico. 

Se trata de dejar de verse como una persona inaceptable, indigna de respeto, inútil, poco competente, sin creatividad, obligada a vivir insegura según normas ajenas. Hay que aceptar las imperfecciones. Cuando logre verse e aceptarse como alguien con fallos que no siempre actúa como quisiera, disfrutará más y se cuidará mejor.

Los epicúreos griegos reseñaban la importancia de ejercitarse en evocar el recuerdo de los placeres pasados para protegerse mejor de los males actuales. Sin ir tan lejos, la indagación apreciativa, un método basado en la nueva psicología positiva que surgió en los ochenta, nos invita a buscar las experiencias más significativas de nuestra vida, descubrirlas y revivirlas. 

Todos hemos vivido alguna historia positiva y significativa. Rescatarla del pasado y apreciarla en el presente nos dará confianza. Por otro lado, para poder ser uno mismo, uno debe conocer su núcleo vital, es decir, todo aquello que le mueve y motiva para seguir adelante. Esta esencia vital le llena de esperanza, mientras que si uno vive en sus sombras acaba desesperándose, se angustia, se apaga y se deprime. Incluso puede llegar a ser agresivo consigo mismo. Nietzsche decía al respecto: “El mal amor a uno mismo hace de la soledad una cárcel”.

Abandonar las barreras defensivas
Cuando eso ocurre, es fácil que uno se enclaustre en su pequeño mundo, donde su percepción se vuelve borrosa porque se ha desconectado del importante núcleo vital. Entonces vienen a la cabeza preguntas como estas: ¿qué debería hacer en esta situación, según los demás? o ¿qué esperan mis padres, mi pareja, mis hijos o mis maestros que yo haga? En este estado se actúa según pautas de conducta que, de alguna forma, le impone la gente que le rodea. Esto le reprime y su capacidad creativa queda mermada. Entonces es fácil entrar en rutinas para “quedar bien” y se dejan de explorar nuevas posibilidades.

Cuando uno logra de nuevo conectar consigo mismo se vuelve más creativo y las preguntas cambian: ¿cómo experimento esto?, ¿qué significa para mí? Si me comporto de cierta manera, ¿cómo puedo llegar a darme cuenta del significado que tendrá para mí? Es decir, por fin ha pasado de plantearse qué estarían esperando los demás y empieza a considerar qué es lo que realmente quiere usted.

 “Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados”.
                                                                                                                          Oscar Wilde

Para ello es necesario abandonar las barreras defensivas con las que se ha enfrentado a lo largo de su vida y experimentar lo que ha estado oculto en el interior. Así podrá llegar a convertirse en una persona más abierta, desarrollará una mayor confianza en sí misma, aceptará pautas internas de evaluación, aprenderá a vivir participando del proceso dinámico y fluyente que es la vida.

Ser uno mismo y vivir sin máscaras implica sinceridad y autenticidad. Para el jesuita Francisco Jálics, ser auténtico es más valioso que ser sincero: la persona sincera dice lo que piensa; la auténtica, en cambio, lo que efectivamente siente.

Para ser uno mismo hay que ser soberano de la propia personalidad, es decir, plenamente autónomo y completamente propio. Para ello, además de quitarse las máscaras, debe deshacerse de los malos hábitos y de las opiniones falsas. Debe desaprender. 

Los filósofos de la Antigüedad aconsejaban incorporar las siguientes prácticas para lograr esta independencia mental: 
  • encender la luz de la razón y explorar todos los rincones del alma
  • filosofar 
  • dedicar tiempo para ocuparse de sí mismo 
  • prestar atención a cada una de nuestras necesidades 
  • evitar las faltas o los peligros 
  • establecer relaciones consigo mismo 
  • adquirir el coraje que le permitirá combatir las adversidades 
  • cuidarse de manera que uno se cure 
  • convertir estos ejercicios mentales en una forma de vida. 
Como decía el filósofo griego Epicuro, nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para que uno se ocupe de su propia alma.>

*Miriam Subirana es conferenciante, coach, escritora, artista. Formadora en Indagación Apreciativa.
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Índigos e cristais na transição planetária

sexta-feira, 16 de setembro de 2016



A transição planetária é um período de acontecimentos e ajustamentos planetários necessários em nossa galaxia que, no caso da Terra, porão fim ao atual estado da nossa civilização que precisa sofrer uma grande modificação e dar início a um novo  ciclo evolutivo para o qual devemos estar preparados (física, mental e espiritualmente) aumentando o nosso estado de vibração e ampliando nossa consciência. 

Para isso todos devemos mudar nossos hábitos e pensamentos diários para um mundo mais evoluído onde só permanecerão os que merecem continuar a viver na Terra após esta sofrer uma grande transformação para ser toda renovada e elevada a uma outra dimensão. 

Pessoas índigos e cristais estão chegando a nosso planeta em número crescente com o intuito de ajudar aos seres humanos a alinhar-se com essa profunda mudança.  No seguinte vídeo, Luiza Tomasuolo nos entrega maior informação sobre o ponto. Vale a pena dar uma olhada. 


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A medicina que não vê pessoas

quinta-feira, 1 de setembro de 2016



Nos primeiros tempos do homem -e mesmo em certos recônditos lugares até hoje- o serviço de curar as pessoas estava reservado àqueles que detinham um poder espiritual. Bruxos, pajés, xamãs, curandeiros procuravam remover as desarmonias dos corpos para que estos ficassem aptos a serem utilizados pelas almas encarnadas neles e os espíritos que os animavam. Quer dizer, o objetivo da cura era facilitar a realização da alma das pessoas; permitir a estas poder cumprir com o roteiro de aprendizagem aqui na Terra, liberando o veículo do corpo para ele manifestar com a maior fidelidade possível os anseios da entidade espiritual.

Para o autêntico sanador o importante é a pessoa e não a doença. Por tanto, conhecer a pessoa era o passo mais importante para acertar no diagnóstico da enfermidade. E, dependendo das características da pessoa, de sua atividade, de sua situação pessoal e dos condicionamentos de seu entorno, em seguida poder precisar as ações da cura. 

Imhotep ("aquele que vem em paz”), foi um singular sábio, vizir do faraó e sumo sacerdote do deus sol Rá que viveu no Egito antigo (2655-2600 a.C) e é considerado o verdadeiro pai das ciências médicas. Ele alentou a criação dos primeiros hospitais do mundo, que eram santuários de cura onde médicos e sacerdotes cuidavam dos doentes, em corpo e alma. 

Aprendendo medicina  no Egito, na Escola dos Mistérios, Hipócrates de Cos, estimado, por sua vez, como o pai da medicina do mundo ocidental, dizia que aliviar a dor é obra divina. E é assim mesmo, porque a realização e a evolução da entidade espiritual que somos é vontade e objetivo da divindade maior conhecida como Deus, Grande Espírito, Ser, Natureza, Vida.

E assim era, até que um dia a caminhada do homem se bifurcou. Uns continuaram abraçar os legados da magia e outros partiram em procura de outras respostas naquilo que denominaram a ciência. E foi por este caminho da ciência em que, a medida que o homem ia se deslumbrando com as descobertas, foi se esquecendo do homem. O salto tecnológico da segunda metade do século 20 fez o restante e a medicina tradicional deu no que deu: uma ferramenta limitada em sua capacidade de cura, alheia às verdadeiras necessidades das pessoas.

Hoje, já no século 21, Dhruv Khullar, um jovem médico residente no Hospital Geral de Massachusetts e na Escola de Medicina de Harvard (Estados Unidos), relata uma experiência que da conta do extravio da medicina tradicional e dos próprios profissionais. Num artigo publicado no The New York Times, ele conta como os médicos, treinados para diagnosticar, perdem a capacidade de ver as pessoas. O seguinte é o texto completo:

"A sexta-feira à noite no pronto-socorro... 
... é exatamente como você imagina. Ela começa devagar: um homem de meia idade com pneumonia; uma idosa com infecção urinária que a faz delirar. Então chegam dois ataques cardíacos ao mesmo tempo, seguidos por um motorista bêbado com a cabeça sangrando e metade das costelas fraturada. À meia-noite, eis que chegam algumas moças embriagadas de uma festa de despedida de solteira que, podemos assumir, não correu como deveria.


Em meio ao caos, saio para cumprimentar um senhor magro, calmamente deitado em uma maca no corredor. Dou uma olhada em seu prontuário e exames anteriores: seu câncer de próstata resiste a vários tratamentos com quimioterapia; a coluna vertebral está tomada por tumores e ele tem vomitado tudo o que come ou bebe há semanas. Não consegue mexer o lado esquerdo do corpo depois de um derrame recente.

Ele dá um sorriso meio torto, mas simpático. "Não está sendo o melhor mês da minha vida" -me disse. "Sinto muito", respondo.

E passo a perguntar sobre os sintomas, quando começaram, o quanto pioraram. Ele me pergunta onde me formei e se eu tenho uma namorada. Pergunto se está tonto e se há sangue nas fezes. Ele diz que emigrou da Grécia há exatos 50 anos. Ganhara uma bolsa no MIT e estudou Engenharia Elétrica. Lá, conheceu a esposa – "uma cozinheira fantástica" – e abriu sua primeira empresa.

Agora, décadas depois, está sozinho em um pronto-socorro lotado, sexta à noite – a esposa morreu, os dois filhos estão no exterior. Uma enfermeira o visita uma vez por semana em casa para ajudá-lo com alguns medicamentos e para se certificar que os vários tubos saindo do seu corpo não estão infectados.

Eu continuo com meu interrogatório e pergunto quando seu intestino funcionou pela última vez. Aí, ele me olha direito aos meus olhos e, calmamente, me disse: "Filho, estou morrendo. Estou sozinho. Um dia você vai saber que uma boa morte é muito mais que a frequência do funcionamento do intestino"... E aí, eu paro.

Pessoas e não apenas pacientes
Em muitas coisas sou melhor hoje do que quando comecei minha jornada para me tornar um médico, há mais de dez anos. Mas acho que compreender os pacientes como pessoas e vê-los no contexto de suas vidas longas, belas e bagunçadas não é uma delas.

Os médicos são treinados, primeiro, para diagnosticar, tratar e curar – e segundo, para consolar, aliviar e acalmar. O resultado é uma perda lenta da visão, uma incapacidade de perceber quem e o que as pessoas são além de pacientes que vemos no hospital.


Quando adquirimos habilidades novas e mais técnicas, começamos a desvalorizar o que tínhamos antes de começar: compreensão, empatia, imaginação. Vemos os pacientes usando os trajes hospitalares e meias antiderrapante em vez de jeans e bonés de beisebol e treinamos nossos olhos para ver as assimetrias, erupções cutâneas e vasos sanguíneos, ao mesmo tempo em que os desprogramamos para perceber inseguranças, alegrias e frustrações.

Quando um grande volume de dados, o consenso e os algoritmos de tratamento permeiam a medicina, pequenos gestos de bondade e espontaneidade – o equivalente à atenção de segurar uma porta aberta e puxar uma cadeira – caem no esquecimento.

Mas, no final, todo tratamento é feito no nível do indivíduo. Podemos aprender mais sobre as preferências ou a tolerância ao risco do paciente particular quando explicamos os prós e os contras de um exame ou procedimento específico, mas uma compreensão robusta e holística precisa de uma apreciação mais profunda de "quem é essa pessoa com quem estou falando?".

Um olhar além do sofrimento
Na Grã-Bretanha, um corpo de pesquisa pequeno, mas cada vez mais significativo, descobriu que permitir que os pacientes contem suas histórias de vida é benéfico para ambos os lados. A pesquisa – focada principalmente em pacientes mais velhos e outros residentes de instituições de tratamento – sugere que fornecer um relato biográfico pode ajudá-los a compreender suas atuais necessidades e prioridades e permite que os médicos desenvolvam relacionamentos mais próximos com eles, pois podem ver com clareza "a pessoa por trás do paciente".

Recentemente, nos Estados Unidos, o Medicare (plano de saúde estatal para idosos)  começou a pagar os médicos para que falem com seus pacientes sobre o planejamento de fim de vida. Essas conversas permitem que os pacientes discutam e explorem suas preferências sobre uma série de intervenções médicas complexas, incluindo testes clínicos, transferências para a UTI, uso de respiração mecânica ou tubos de alimentação e o desejo de morrer em casa ou no hospital.

Essas discussões também podem se beneficiar de uma abordagem biográfica, na qual os pacientes seriam capazes de elaborar sobre o que é e o que sempre foi mais importante em suas vidas. Para melhor atendê-los, precisamos ver não só quem eles são, mas também quem eles eram, e em última análise, quem esperam se tornar no fim da vida.


O quanto seríamos melhores nos diagnósticos, prognósticos e curas se tivéssemos uma compreensão mais abrangente da pessoa à nossa frente? E se víssemos não só o sofrido senhor grego na maca do pronto-socorro, mas também o orgulhoso adolescente cruzando o Atlântico para começar uma nova vida, meio século atrás?

O pronto-socorro é, por natureza, uma arena projetada para a rapidez de raciocínio e ação. Certamente há outros lugares, momentos e circunstâncias mais propícios para se falar sobre metas de atendimento e incursionar pela vida dos pacientes.

Mesmo assim, há sempre um momento de graça e significado em que podemos ajudar os pacientes a encontrar no tempo que lhes resta, um momento que lhes remeta a uma época em que se sentiam mais vivos, mesmo que seja só uma conversa fugaz sobre comida grega e circuitos elétricos em um pronto socorro lotado, no final de uma noite de sexta-feira".

A experiência de Dhruv Khullar e, sobretudo, sua lúcida reflexão nos sinaliza que já está sendo o tempo para a ciência recuperar sua própria alma e se encontrar com a espiritualidade. Com certeza, resultará num casamento encantador, fazendo uma decisiva contribuição à transição planetária que irá a nos depositar numa outra dimensão humana, mais justa, mais amorosa, mais bela.    
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13 tips para tiempos difíciles

quinta-feira, 25 de agosto de 2016



Siddhartha Gautama, o primeiro Buda, nos dejó un legado de gran sabiduría en el que podemos inscribir estos 13 consejos para aquellas personas que están experimentando tiempos difíciles en sus vidas. Hay, según Buda, una manera de vivir estos momentos de una manera más tranquila y el secreto tiene que ver con la actitud:

1) Las cosas son lo que son.
Nuestra resistencia a las cosas es la principal causa de nuestro sufrimiento. Esto sucede cuando nos resistimos a las cosas como son. Si no puedes hacer nada, relájate. No luches contra la corriente, acéptalo o de lo contrario serás consumido en el sufrimiento.

2) Si crees que tienes un problema, tienes un problema.
Ten en cuenta que todo se ve a través de una perspectiva. En un determinado momento las cosas parecen difíciles, en otros no. Sabiendo esto, cuando tengas una dificultad escoge entenderla como un reto, una oportunidad de aprendizaje. Si lo ves como un problema, esta dificultad será sin duda un problema.

3) El cambio comienza en ti mismo.
Tu mundo exterior es un reflejo de tu mundo interior. Tenemos la costumbre de pensar que todo estará bien cuando las circunstancias externas cambien. La verdad, sin embargo, es que las circunstancias cambiarán sólo cuando se produzca este cambio dentro de nosotros.

4) No hay mayor aprendizaje que equivocarse.
¡El fracaso no existe! Entiende esto de una vez por todas. Todas las personas exitosas han fracasado varias veces. Disfruta de tus fracasos como una gran experiencia de aprendizaje. Si lo haces, la próxima vez estarás más cerca del éxito. El fracaso es siempre una lección de aprendizaje.

5) Si algo no sucede como estaba previsto, significa que lo mejor está por llegar.
Todo sucede a la perfección, incluso cuando las cosas van mal. A menudo, cuando miramos hacia atrás, nos damos cuenta de que lo que consideramos malo, de hecho, fue lo mejor que pudo haber pasado. Ahí vemos que, sin duda, estamos alineados con nuestro propósito de vida. El universo siempre trabaja a nuestro favor.

6) Aprecia el presente.
¡Sólo tenemos el momento presente! Así que no lo dejes ir perdiendo el tiempo con el pasado. Apreciar tu momento presente, ya que es lo único importante. Es sólo a partir de él que puedes crear tu vida futura.

7) Deja el deseo de lado.
La mayoría de la gente vive la vida guiada por los deseos. Esto es extremadamente peligroso. Un deseo no satisfecho se convierte en una gran frustración. La frustración desencadena una fuerte energía negativa y se retrae tu crecimiento. Trata de entender que todo lo que necesita vendrá a ti para cultivar tu felicidad incondicional.

8) Comprende tus miedos y sé agradecido.
El miedo es lo contrario del amor y es otra cosa que dificulta tu desarrollo. Sin embargo es importante, ya que proporciona una gran oportunidad para el aprendizaje. Cuando se vence el miedo, te vuelves más fuerte y confiado. Superar tus miedos requiere práctica. El miedo es sólo una ilusión y, sobre todo, es opcional.

9) Experimenta alegría.
Hay personas que disfrutan de todo lo que les sucede a ellos. Incluso en la peor situación, hay que reírse de sí mismos. Estas son personas que ven el crecimiento en todo. Aprendieron que es importante centrarse en la alegría, no en las dificultades. El resultado es que atraen situaciones mucho más felices que tristes.

10) Nunca te compares con los demás.
Cada uno vino aquí con una misión propia. Y cada persona es tan importante como cualquier otra. Sin embargo, si no puedes evitar comparaciones, compárate con los que tienen menos que tú. Esta es una gran estrategia para darse cuenta de que siempre has tenido mucho más de lo que necesitas para ser feliz.

11) No eres una víctima.
Siempre eres el creador de tu experiencia. Todo lo que te sucede es atraído por ti mismo y extremadamente necesario para tu aprendizaje. Cuando algo desagradable te suceda, da gracias y pregunta: ¿Por qué he atraído eso a mi vida?, ¿Qué necesito para aprender de esta experiencia?.

12) Todo cambia.
Todo en esta vida es dinámico, todo cambia en un segundo. Así que no vivas lamentándote. Si no sabes qué hacer, no hagas nada. El universo no para de cambiar, crecer y expandirse, así que espera, porque todo pasará.

13) Todo es posible.
Los milagros ocurren todos los días, y nosotros somos responsables de los mismos. Confía y cree en eso. En la medida en que consigas un cambio de conciencia, encontrarás en ti el poder de realizar milagros. Es el momento de cambiar y comprender su importancia, la posibilidad que tienes de cambiar el mundo. ¡¡Creer!!
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Vivir sin dinero y ser feliz

sábado, 6 de agosto de 2016



Ella ya ganó una merecida fama y, googleado, su nombre es fácil de ser hallado en Internet. Tiene 74 años y hace 20 que vive exclusivamente del trueque. Heidemarie Schwermer, es una psicóloga alemana que intercambia trabajo por hospedaje, comida o ropa. No usa dinero. Cree que es una forma más justa de estar en un mundo donde conviven la pobreza y la opulencia. “La gente hace muchas cosas que no son buenas para ellos, con el único objetivo de ganar dinero. Se convierten en esclavos y pierden su felicidad”, asegura.

El dinero no mueve el mundo. Los billetes son apenas papelitos de colores; recuerdos de lo que, alguna vez, supo ser el líder indiscutido. Nadie se esclaviza por él. Nadie corre, ni se encierra, ni compite, ni odia, ni envidia para poder “ganarse el pan” o “crecer” o “ser rico”, porque el pan llega sin esfuerzo, se crece siguiendo el corazón (y no acumulando bienes) y es rico el que el que da, con las manos y el corazón abiertos.

¿Es así que las cosas son en este mundo?  No, infelizmente, todavía no. Así sería, en resumidas cuentas, el mundo ideal con que sueña Heidemarie. Y mientras ese mundo llega, ella va siendo como el mundo que sueña.

Todo comenzó como un experimento que, creyó, duraría un año, pero hoy ya lleva 20 intercambiando trabajo por hospedaje, comida y ropa. Cuida chicos, limpia casas, da  charlas y brinda asistencia psicológica. A cambio ha recibido todo lo que necesita para vivir y algunas cosas más también. Tiene amigos en distintas partes del mundo y va donde se la invite. 

En 1994 fundó un grupo de trueque llamado Centro para dar y recibir en Dortmund (Alemania). "Comenzamos a compartir y a hacer un montón de cosas sin recurrir al dinero -recuerda- y así fue que noté que cada vez necesitaba menos dinero. Enseguida decidí intentar vivir un año sin dinero. Y ese “experimento” ya lleva casi 20 años. Descubrí un nuevo mundo maravilloso lleno de amor, que lo vivencio desde el corazón".

No es fácil comprender a Heidemarie, más difícil es aceptar lo que hace y, finalmente, se torna duro imitarla en un mundo que presiona, con la fuerza de una aplanadora, en sentido contrario. La orden del sistema es consumir, consumir, consumir. La orden que se da Heidemarie es vivir, vivir, vivir. Por eso, cada vez que enfrenta una requisitoria periodística, las preguntas representan más o menos las dudas e incredulidades de la mayoria de las personas. Y ella responde a todo sin esconder nada, con una sonrisa siempre a flor de labios y el sentido común que anima su caminada.

¿Qué pensó su familia en aquel entonces y cómo se lo toman ahora?
Al principio nadie estaba seguro de que fuera a funcionar, ni siquiera yo. Pero ahora hay mucha gente que está tratando de hacer algo especial, porque ven lo sencilla que es la vida. Ahora mi familia y amigos aprueban lo que estoy haciendo. Tengo dos hijos y tres nietos. A veces nos reunimos y en otras ocasiones nos contactamos por Internet, teléfono y correo. Al comienzo estaban preocupados, pero ahora ven que mi camino es bueno.

¿Cómo era su vida antes de emprender este proyecto?
Yo era psicoterapeuta, tenía mi propio consultorio y ganaba bastante bien. Antes de eso me desempeñaba como docente. Tenía dinero y seguridades pero vivía con una preocupación en mi corazón. Hay algo que debemos cambiar en el mundo. La brecha entre pobres y ricos se hace cada vez más grande. Por un lado hay gente muriendo de hambre, y en el otro extremo, se vende un cuadro de Picasso que vale 159 millones de dólares. También está la cantidad de comida desperdiciada. ¡El sistema es una vergüenza!

¿Y fue ahí que encaró la idea de dar y recibir?
Exactamente, porque la idea de “dar y recibir” es una respuesta alternativa a toda esa locura. Con un sistema nuevo basado en eso, todo el mundo empezaría a hacerse responsable de sí mismo, del mundo y de otra gente. En vez de competir y envidiar, podemos compartir, ayudar los unos a los otros y querer a nuestros vecinos y a los demás.

¿Entonces, la iniciativa va más allá de lo económico?
Claro, la idea es hacernos preguntas para conocernos más a nosotros mismos y a los demás. Por ejemplo: ¿qué es lo que realmente necesito? ¿Quién soy y qué es lo que verdaderamente me gusta? Las siguientes preguntas deberían ser: ¿Por qué no me agrada esa persona? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor respecto de él o ella? Los demás son un espejo para nosotros mismos, nos ayudan a conocernos mejor a nosotros mismos.

¿Parece una posición filosófica?
Tal vez. Lo que sé es que uno debería cuestionarse qué puede hacer por la sociedad, dónde puedo encontrar algo que pueda compartir con los demás y cuál es mi lugar en este mundo. Y finalmente: ¿confío lo suficente en la vida? ¿Puedo sentir esta nueva visión del mundo que tiene que ver con entender que es la propia humanidad la que nos hace dignos y no las posesiones o los actos. La idea de dar y recibir tiene cuatro tonos que representan las preguntas: 1. De mí para mí. 2. De mí para tí. 3. De mí para ustedes. 4. De mí para el todo.

¿Cree que ha hecho del mundo un mejor sitio por vivir de esta manera?
Mucha gente, de diferentes partes del mundo, me escribe y me dice que mi historia les da valentía y esperanza. Hay personas que empiezan a vivir de otro modo.

¿Cómo describiría su mundo ideal?
Me imagino a un mundo sin dinero, donde la gente vive con otra visión, otros valores. Un lugar donde todos viven con dignidad y amor. Nadie quiere ser rey, reina, o mejor que nadie. Nadie tiene la necesidad de demostrar que él o ella tiene razón ¡sino que entiende que cada camino está bien!

En su visión, la gente pierde mucho tiempo haciendo cosas innecesarias. ¿Cómo es eso?
 La gente hace muchas cosas que no son buenas para ellos, con el único objetivo de ganar dinero. Se convierten en esclavos y pierden su felicidad.

¿Le resulta fácil ese tipo de vida, ya pasó por momentos complicados?
Nunca tuve problemas para conseguir comida o un lugar para dormir. El mayor problema, a veces, surge al compartir con otras personas. Somos todos tan diferentes que, en ocasiones, hay gente que repudia mi visión y se terminan generando problemas. Uno de los desafíos más importantes que tenemos que encarar en el futuro es aprender a entender las diferencias de cada uno. Yo me convertí en psicoterapeuta justamente para comprender esto.

¿De qué modo le gustaría ser recordada?
 No pienso en eso. Cada uno de nosotros es muy valioso por el hecho de ser humano. No debemos querer probar nada. Si hacemos las cosas desde el corazón, en el mundo habrá amor en vez de guerras.

¿Es feliz?
Sí, soy feliz porque, a mi parecer, vivo una vida más justa. Y les entrego a otros todo el dinero que me llega a mí. No compro cosas que no necesito; de hecho, no compro nada. Las cosas que necesito vienen a mí de un modo impensado. Tengo mucha confianza en la vida espiritual y eso me hace feliz.
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El nuevo año maya 2016-2017

terça-feira, 26 de julho de 2016



* Por Ingrid de Manuel Guasch

Hoy, 26 de julio de 2016, comienza el nuevo año del Calendario Maya Haab de 365 días. Este es el año Tormenta Espectral Azul. Iniciamos así un nuevo ciclo solar de 13 lunas sincronizadas con un propósito anual que inspiran un trabajo personal y comunitario. Un nuevo año codificado con la energía de la Tormenta 11-Espectral Azul, símbolo de Purificación y Transformación para ser capaces de aprender a auto-gestionarnos en el plano emocional y salir ilesos de aquellas situaciones tormentosas que nos creamos.

Cuando hablamos de tormenta nuestra percepción nos abre a un concepto diferente en función de nuestro estado de ánimo, dependemos absolutamente de la circunstancia temporal que estamos viviendo para definir lo que sentimos y vemos. Siendo así podemos explicar una tormenta de infinitas maneras, algunas serán positivas y en otros casos negativas, influenciados por lo que vivimos.

La tormenta limpia, regenera y vitaliza la tierra y el aire que respiramos, da de beber a la naturaleza y refresca nuestra mente. También nos da miedo, destruye y nos deprime, creando incomodidad y tristeza. Es la energía que nos muestra nuestra vulnerabilidad, poniendo a prueba nuestra fortaleza interior para consolidar el proceso de transformación necesario en aquellas actitudes, emociones y estructuras que nos desbordan.

  • Cuando la actitud no es correcta perdemos nuestro centro y entramos en un sinfín de excusas basadas en la crítica, el juicio y la culpabilidad debido a que nuestra mirada está puesta en el exterior, en las circunstancias que vivimos para sabotear nuestra capacidad de superación y así auto-convencernos de que nuestro estado es aceptable. Nos atormenta y a la vez nos complace sentirnos víctimas y fuera de toda responsabilidad.
  • Cuando la emoción nos supera despierta en nosotros la rabia y la impotencia de la falta de control personal, llevándonos a estados de crisis y depresión difíciles de gestionar. En estos momentos necesitamos desatar la tormenta porque en nosotros ya no cabe más sufrimiento, volcamos nuestra negatividad en otros para sentirnos menos infelices y aliviados, creando destrucción a nuestro alrededor.
  • Cuando nuestras estructuras no funcionan buscamos problemas aquí y allá, mentimos, manipulamos y jugamos siempre a nuestro favor sin tener en cuenta a nadie ni nada para sentirnos a salvo y darnos la razón. Cerramos la puerta a la rendición y nos aferramos a posiciones rígidas, en donde no somos capaces de sentir debido a la propia negación de saber la verdad.
Actitud, emoción y pensamiento nos atrapan en un bucle de auto-destrucción, en donde nada cambia si no somos capaces de tomar consciencia del efecto que esta energía es capaz de producir en nosotros. Para reencontrarse con la sintonía amable de la tormenta, primero debemos entenderla en nosotros para poder darle la vuelta y comprender que lo que en primera instancia puede parecer negativo en realidad, es lo mejor que nos puede pasar.

Para ello la Madre Tierra nos ofrece el modelo perfecto para situar nuestra mirada, de ella podemos aprender la importancia de fluir con el transcurso natural de los acontecimientos y así permitir que el poder de la tormenta nos ayude a movilizar, transformar y renovar nuestra vida. Encontrarla en nosotros es el trabajo de este nuevo ciclo, aprender a usarla conscientemente el objetivo.

Dejar de sabotearnos y empezar a amarnos
La maestría de la transformación de la tormenta requiere de la maestría del amor hacia nosotros mismos, no existen la una sin la otra. El problema reside en perder el control de nuestras emociones y es por ello que nos dedicamos a gobernar y sabotear a los demás por miedo a sentirnos vulnerables.

Es una medida de protección que usamos para esconder el poco amor que nos damos, dándonos permiso para decir cosas que no queremos decir y hacer cosas que no queremos hacer, reprimiendo así nuestras verdaderas emociones que provocan la pérdida del control sobre nosotros mismos. Desatamos la tormenta.

Por lo que la maestría del amor es necesaria y más en estos tiempos que corren, en donde nuestro mayor miedo es el de sentirnos vivos y abiertos de mente y corazón. Un año para permitimos el amor y ser los creadores de nuestra propia transformación, para sentir como a través de la alegría y la magia llega con facilidad a nuestras vidas todo aquello que necesitamos, en el momento que somos capaces de liberar nuestro espíritu para que se mueva libremente.

De esta manera nos convertimos en esencia femenina y creadora, la fuente de la que todo emana y todo lo sustenta, el equilibrio armonioso y natural del fluir vital de todos los seres vivos. A lo largo de este ciclo ésta es la búsqueda, encontrar ese espacio interno que contiene el alimento energético que nuestro corazón necesita para mantenerse abierto y así ser capaces de crear las mejores condiciones para que nuestra alma pueda realizarse aquí en la Tierra.

Por lo que es momento de dejar de sabotearnos para empezar a querernos, momento para sentirnos fuente sagrada de vida aquí en la tierra, un don maravilloso por el que deberíamos estar agradecidos. La maestría del amor requiere de toda nuestra atención, una actitud de humildad en donde honramos la vida como fuente inagotable de luz, consciencia y amor, desde el corazón abierto a sentir la verdadera alegría de estar vivos.

Un texto maya nos recuerda que del agua emana la vida; el primer alimento es el líquido vital: la leche materna o agua, el líquido amniótico en donde maduran los animales y los humanos, la savia de las plantas que nacen de la unión de agua + tierra, el calostro, la sangre como sustento liquido de los organismos.

El movimiento del agua es la danza originaria de la vida, su purificación es la liberación originaria de la vida en sus diversas manifestaciones, nos comunica y nos orienta para sintonizarnos con los ciclos y el amor a la vida. Para fluir hay que aceptar y la aceptación es la actitud flexible del tándem mente-corazón delante de las circunstancias que vivimos. Aceptamos para entender y comprender que todo tiene su cauce, su ritmo natural y esto es Sagrado.

Feliz ciclo.

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A fuga do consumismo

domingo, 24 de julho de 2016



Consumir menos, buscar alternativas e viver apenas com o necessário. Essa é a tendência que vem crescendo entre os jovens que começam a dar conta do recado do Movimento Lowsumerism: o processo de autodestruição causado pelo consumismo só poderá ser freado por meio de um profundo despertar de nossa consciência.

É ingênuo acreditar que hábitos individuais não interferem na vida de mais ninguém. Lowsumerism (baixo consumo) é um movimento que deve ser colocado em prática com urgência: o consumismo é um comportamento ultrapassado do qual logo sentiremos vergonha.

Mas o que isso significa na prática? Como ser mais consciente e consumir menos? Como esse comportamento pode ser viável em uma sociedade dominada por indústrias e marcas? As respostas vêm em camadas, são compostas por microtendências que levam a uma macrovisão da vida contemporânea.

A tendência é que, nos próximos anos, o mercado abrace esta mentalidade e assuma o papel de requalificar o desejo do consumidor, deixando-o menos associado ao excesso. O consumidor, cada vez mais consciente, abraçará as alternativas de novos modelos mercadológicos capazes de atender às suas necessidades e vontades de uma maneira menos nociva. Quer saber mais? Dê uma olhada nesse vídeo...



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Diferencias

domingo, 17 de julho de 2016



"Vocês riem de mim 
por eu ser diferente, 
e eu rio de vocês 
por serem todos iguais".

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Negócios com novo espírito

segunda-feira, 11 de julho de 2016



* Por Marina Colerato

Desde a Revolução Industrial, no final do século 19, somos bombardeados com a mensagem de que para sermos pessoas felizes, bem sucedidas e plenas, devemos comprar os signos semióticos responsáveis por garantir esses endossos capitalistas — carros, roupas, joias, celulares, etc. Fomos programados para acreditar que a felicidade reside no ter.

Porém esse cenário está mudando a partir desta própria percepção, que dá lógica ao consumo consciente. O lowsumerism indica uma sociedade questionadora que busca novas formas de se relacionar com o mundo contemporâneo.

Com esta consciência, renova-se a busca pela espiritualidade. Nos últimos anos, um momento coletivo de maior introspecção promove um olhar menos egoísta e menos autocentrado, capaz de enxergar a nossa relação com o mundo e com as pessoas de maneira mais integrada.

Na abundância frenética de conexão da nossa sociedade, há igualmente desconexão. Sem perceber, desconectamos de tudo — família, amigos, sociedade, meio ambiente, de nós mesmos, daquilo que entende-se como deus ou universo.

A busca contemporânea pela espiritualidade é observada em hábitos cotidianos: a popularização do yoga-at-your-desk, a ascensão do veganismo e da paz intestinal, a valorização da medicina integrativa… São práticas que promovem, acima de tudo, autoconhecimento; estão distantes de dogmas e mais próximas do “verdadeiro eu”.

São possibilidades de satisfação que conduzem a uma vida sem as amarras sociais e culturais propostas pelo consumismo. Bens de consumo não são suficientes para que nos identifiquemos como pessoas, de maneira completa e verdadeira, e essa percepção é cada vez mais tangível. Afinal, quanto mais possuímos, mais infelizes ficamos.

Por que agora?
O interesse do Ocidente pela espiritualidade não é novo. Desde os anos 1960, a cultura pop dissemina filosofias orientais como o budismo e seus ensinamentos milenares. Nos anos 1970, a espiritualidade foi uma das forças que potencializaram os movimentos feministas, raciais e ecológicos.

Na filosofia moderna, Soren Kierkegaard, Jean-Paul Sartre e Martin Heidegger afirmam que o Ser constrói-se a cada ação. Para os existencialistas, não nascemos com uma finalidade definida: estamos constantemente em busca de um propósito para preencher o vazio desta falta de finalidade da existência.

Hoje, entre incertezas políticas e econômicas, queda da confiança na governabilidade e ascensão dos movimentos sociais contra a maré do conservadorismo, cresce a noção de que não nascemos apenas para pagar contas e morrer.

A sociedade passa a se direcionar a um caminho de questionamento em busca de respostas mais satisfatórias. Essa consciência espiritualizada está vinculada à busca por um propósito maior.

“A árdua tarefa de compor uma vida 
não pode ser reduzida a adicionar episódios agradáveis. 
A vida é maior que a soma de seus momentos.” 
- Zygmunt Bauman -

É por meio dessa busca do propósito que dê sentido à existência que, aos poucos, práticas espirituais ganham mais espaço na vida das pessoas. O precioso tempo passa a ser gasto com um encontro consigo próprio em busca de autoconhecimento. Ioga e meditação nunca foram tão populares. Retiros espirituais, como o de Piracanga, tornam-se os novos destinos de desejo. A vida cosmopolita e agitada, cheia de shoppings, lojas, bares e baladas, começa a parecer menos interessante do que uma casa sustentável em uma ecovila.

Propósito no mercado de trabalho
Ser feliz, para o “eu” espiritualizado, está ligado a colaborar com a felicidade dos outros e com a construção de um mundo melhor. Pessoas com propósitos altruístas, em busca de um mundo bom para todos, olham para além de si e se posicionam como agentes transformadores: amplificam seus valores no mundo dos negócios com questionamentos sobre as fronteiras entre trabalho, diversão e agente social.

Pessoas que encontraram seu propósito maior dão luz a empresas que inspiram mudanças com objetivos que estão além do lucro financeiro. São iniciativas que colocam em xeque a unanimidade do sistema econômico atual com alternativas como capitalismo consciente, economia solidária, negócios sociais, economia colaborativa, economia sustentável e pós-capitalismo.


Podemos concluir, então, que o encontro com o “eu” e com um propósito maior a partir do autoconhecimento proposto pela espiritualidade, ou a necessidade latente de preencher um espaço agora vazio, antes ocupado por bens de consumo, é capaz de subverter a ordem dos tempos líquidos, cujas premissas são insolidez e fugacidade. Os novos propósitos escapam à logica do capitalismo e sugerem um estilo de vida mais inclusivo e menos focado em acúmulo de capital.

“Não busque satisfação nos meios materiais ou desejos oriundos. Busque a Bem-aventurança pura, indestrutível e incondicional dentro de você, e você terá achado a Alegria sempre-nova.” — Paramahansa Yogananda, fundador da Self-Realization Fellowship.

A era em que vivemos nos convida a instaurar novas, e mais conectadas, maneiras de viver em sociedade. Da próxima vez que fizer uma compra ou fechar um negócio, questione-se sobre o propósito daquela ação e se ela traduz as verdades da sua alma e espírito.q


* Marina Colerato é escritora, interessada em movimentos sociais. É fundadora da plataforma de comunicação Modefica. Acredita no poder da informação e do autoconhecimento como forma de empoderamento individual e, consequentemente, social. 

|| Via Ponto Eletrônico
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