La tragedia como oportunidad

quinta-feira, 11 de março de 2010

Hoy, mientras asumía el nuevo nuevo presidente de Chile, nuevos temblores sacudieron al ya castigado territorio americano. Sebastián Piñera, el nuevo mandatario, deberá liderar una difícil etapa. La vida dirá si repite las recetas que permitieron tanta desgracia ante previsibles eventos de la naturaleza o si pudo sacar alguna lección de las catástrofes padecidas, intentando una  mirada nueva sobre el mundo, su país y su gente. El texto que puede leerse a continuación -editado por este blog-, nos llegó vía e-mail. Se trata de un original enfoque acerca del profundo drama humano que terremotos y tsunamis han profundizado en Chile, como antes en Haití y como hoy mismo en diversos puntos del planeta. Una visión que deberían tener en cuenta los gobernantes, pero sobre todo, la gente, cada uno de nosotros. 


Terremoto a la conciencia
Un remezón del alma sería más fácil de ver. Y de oír, y de sentir, y de vivir. Sin embargo hace falta uno de tierra - y fuerte. Y aunque incluso ha venido y causado trágicos estragos humanos, aún así no se oye. ¿Qué más nos hace falta entonces?

La tierra se mueve porque debe, porque es parte de su existir aquí y ahora. No escoge, no presume, no decide, no delega, no planifica, no espera, no apunta, no intenciona. La tierra se mueve porque debe y el mar reacciona, su alzamiento es consecuencia de lo previo. Así de simple es todo. Por sorprendente que parezca, eso es todo.

Los que no atinamos somos nosotros. Vivimos, sufrimos el acontecimiento, recibimos todas las consecuencias del hecho, con pérdidas terribles, con dolores intensos y perdurables, con todas las emociones propias de la horrible catástrofe. Nosotros pasamos por todo eso y nosotros, que somos los concientes, podemos reconocer la oportunidad de este hecho y frente a ello actuar.

Dejar atrás lo que no sirve, el egoísmo por ejemplo. Y en su lugar escoger la compasión irrenunciable y para siempre; escoger la acción inmediata en vez de la queja pasiva de la espera; la respuesta en vez de la inútil pregunta; la acción propia e inmediata en vez de la acusación por la inacción o la respuesta tardía del otro; lo concreto y urgente en vez de lo superficial y teórico; la mano extendida en ayuda en vez de la mano que mendiga. Todo el pueblo en conjunto buscado lo desaparecido, los familiares perdidos, en vez de la individualidad que omite y arrasa; la repartición de lo que haya en vez de la apropiación de lo que sea; la conciencia ahí, en el momento, y no en el reportaje periodístico para mañana. La solidaridad inmediata con lo que cada uno tenga, en vez del pedido de solidaridad de los otros.

Protagonistas del reparto
El llamado que surge de este terremoto gigante es a la acción consciente con el otro y por todos. No por mí, no por él, no por alguien que me va a recompensar mañana, no en tu contra, no en la mía, no en contra de todo, sino a favor de todos.

Si esto pasó, esto pasó. Pensar lo que pudo haber pasado si acaso esto o aquello y buscar los responsables de ese momento, implica un juicio inevitablemente desde hoy y desde las consecuencias sufridas por el que juzga. Pero juzga hoy, y hoy ya no es lo mismo, hoy ya todo pasó y me pasó y te pasó. Listo.

Frente a ello, quedarse y quejarse, incentivar a quedarse y quejarse, reclamar soluciones al gobierno, al rey, al papa, a la machi, o a un dios de tierra, tenderse a llorar para siempre y que sea esa la imagen televisiva que enciende los televisores, es no aprovechar la oportunidad presente.

Ya no sirve esperar que sean otros los que den las respuestas. Mañana puede que a esa respuesta la arrienden o la vendan y sea otra necesidad más, inventada, que tengamos que adquirir a la fuerza. A esos otros les conviene que las víctimas yazgan llorosas y clamen respuestas, pues así habrá quien pueda dárselas, y habrá quien pueda lucrar con ellas, Como se lucra con todo hoy día, hasta con lo más sagrado que tengas.

Y entonces pregunto. ¿Y qué pasa si somos activos, si hacemos en vez de comprar hecho, si actuamos en vez de esperar los efectos? ¿Y qué tal si nos procuramos nuestros propios alimentos en vez de esperar que nos los traigan mal hechos? ¿Y qué si levantamos nuestras casas en vez de comprar departamentos en edificios construidos con promesas falsas y que al derrumbarse acabe doliendo más el dinero perdido que la humanidad aplastada?

Saqueo, rating y lucros
Un cambio brutal de un paisaje en un mísero momento. Eso es lo que ha pasado. Veinte, treinta y más años en lograr lo que en tres minutos o en tres olas se convirtió en nada. Sin embargo, nuestras ideas no cambian; para muchos siguen ahí, intocables. Seguimos siendo niños, seres primitivos colonizados por cable. Los colonizadores ya ni siquiera se ensucian la ropa, simplemente enchufan o desenchufan, y ya nos tienen, siguiendo, acatando las orientaciones de la pantallita.

Nada ha de quedar igual que antes. Eso dice, en general, la profecía Maya. Y si ello pasa por la catástrofe, por la desolación y la muerte, es porque nuestra receptividad pasiva no cambia, porque no arrancamos si no nos dicen que arranquemos, porque si me muero es culpa del que no me dijo lo que yo sí supe, pero no hice. Yo obedezco, usted manda. Así ha sido hasta ahora. Si esto cambia, si esto nos cambia, será un enorme paso para que nada sea igual que antes. ¿Cambiaremos?

El saqueo es tan sólo el reflejo de una historia contínua y antigua. Siempre hay saqueos. De los países ricos a los países pobres; de los países grandes a los países chicos; de las hidroeléctricas al medio ambiente; en la destrucción permanente de la Aamazonia; en el daño de Texaco a la selva ecuatoriana; en la rapiña del cobre chileno; en los costos infinitos de las tarjetas bancarias; en los costos irracionales de la producción de las carnes que comemos; en la contaminación que envenena aves y peces; en las guerras comerciales; en la mercadotecnia; en las crisis financieras programadas. Nada diferente al saqueo estimulado por el consumismo desenfrenado que hace que, en medio de los escombros y la desolación, y ante el drama del hambre, en vez de manzanas o harina se roben tv de plasmas y microondas; zapatillas y whisky en vez de agua y leche para los niños y sus madres.

Alguien enseñó esto. Sin una mentalidad creada así, esto no sería. Agua robarían los sedientos, comida los con hambre. Y buscarían amigos los que lloran solos ante una cámara de un canal de televisión compatriota, para que al otro lado el público que engulle un mínimo sandwich se devore la imagen viéndose a sí mismo, regodeándose en el mismo dolor, esperando que una estrella del rating organice una campaña solidaria con ellos. Una maratón virtual donde caerán gerentes y ejecutivos con aportes, donaciones y publicidad gratis y otros harán lo que yo no hago, otros lo harán por mí. Y todo quedará igual. Yo en mi casa, esperando instrucciones del sistema y el sistema lucrando, incluso de la peor tragedia.

Cambio, luego existo
Para que las cosas no sigan igual debe producirse un cambio. ¿Qué es un cambio? Esto, por ejemplo, es un cambio: comunidades auto-generadoras y no comunidades dependientes; hombres y mujeres reactivos ante sus inconvenientes comunes y no proactivos ante las conveniencias ajenas.

¿Soy periodista? Entonces no divulgo la queja de la queja de la queja. Respondo ante la situación, coopero, ayudo, me conmuevo. Coloco a disposición los micrófonos del canal para que las familias se encuentren, en vez de hacer de la falta de comunicación una noticia que recorre el mundo. Esto, por ejemplo, es un cambio.

Si en realidad un hombre se robara un contenedor de zapatos para repartirlos entre todo su pueblo, bien robados sean. Pero si ha de guardarlos entre los escombros de su casa para venderlos mañana, es otro mercader más que hace del mundo un negocio propio para su enriquecimiento. En eso estamos, lamentablemente, a eso nos llevaron estos años de historia. Por eso el presidente electo de Chile es un promiscuo empresario, porque es el dinero la regla. ¿Robaste y escondiste los zapatos? Ojalá los zapatos se te pudran como la carne en los refrigeradores apagados de los supermercados cerrados, a ver si así entiendes qué es lo realmente sagrado, a ver si así nos volvemos a encontrar con lo sagrado que somos, lo sagrado que tienes en serio y no lo que nos sacralizaron los grandes saqueadores durante cientos de años.
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Si acaso la ola me lo quita todo o si el terremoto arranca del suelo mis bienes y yo permanezco y ninguna parte de mi yo se desvanece en ello, algo avanzo hacia este cambio en que nada deberá ser como era antes.

Si acaso me salvo del trueno terrible y salvo a mi hermano, es un cambio.

Si actúo y no espero, es un cambio.

Si soy para todos y todos son lo mismo con todos, es un cambio.

Si aprecio lo cierto, si me hago la vida, si asumo mi vida, si defiendo yo mi vida, yo hago el cambio.

Si tomo lo justo y lo que es suficiente, si pienso en mis hijos, si quiero a mis padres, amo a mi tierra, mi planeta, yo hago el cambio.

Si empiezo y empiezo cuantas veces haga falta; si te amo y me amas.

Si ya no pido nada y lo que es justo lo tomo y no es mío, es nuestro.

Si valoro lo más sagrado de todo lo que existe y de mí.

Si echo a los mercaderes del templo.

Si para el dolor tomo un bálsamo, para el calor un hielo, para la soledad mis hermanos, para saber mis sentidos, para brillar mi alma, para alcanzar mis pasos, para cuidar mi espacio.

Si hago todo lo que debo y todo lo que puedo para ser feliz y lo comparto en la simpleza más pura, que ya venga lo que venga, nada podrá separarnos.
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PD: A todos mis hermanos que lloran la pérdida de tantos, un abrazo. También me caen lágrimas de saberlo, de imaginarme ahí en la piel de ustedes. ¿Qué más podría hacer ahora? Si pudiera más, tengan la certeza de que lo haría todo.

In Lak'ech (yo soy otro tú)

Juan Carlos Gómez Gómez
DRAGON RESONANTE ROJO
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