Mamagaia en Cochabamba

sexta-feira, 23 de abril de 2010


Desde Tiquipaya, Cochabamba, Bolivia, la Madre Tierra lanzó una original convocatoria a sus hijos: salvemos nuestra casa para salvar nuestra existencia. Con Evo Morales como medium ecuménico, activistas, soñadores, concientizadores, sanadores de más de 140 países tradujeron a la lengua de los hombres los dolores, reclamos y pedidos de la Pachamama.

La Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (CMPCC) reunió ideas y voluntades que no se vieron en la última Cumbre Climática de Copenhague, donde primó la visión estrecha y egoísta de las naciones-potencias. Si en Dinamarca los debates y las negociaciones nunca consiguieron traspasar el límite del pragmatismo oportunista, reduciendo todo a una mera disputa por dinero, en Cochabamba las drásticas mudanzas que está produciendo el planeta encontraron una lectura profunda y respuestas de contenido transformador.

Esa diferencia esencial se dió gracias al aporte de las naciones indígenas que participaron de la convocatoria, pues respaldados en las sabidurías ancestrales, enfrentaron la situación de cara a la vida real, superando las limitaciones de las transacciones y pactos de salón. En Bolivia, se ha logrado ponerle el cascabel al gato para empezar a llamar a las cosas por su nombre.

El documento final, denominado Acuerdo de los Pueblos, pone el dedo en la llaga al evidenciar que la cuestión de fondo es que estamos asistiendo a “la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial”.

Se subraya que el sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. “Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma”.

Armonía con la naturaleza
En disonancia con ese sentido, se reclama la necesidad de proyectar un nuevo modelo de desarrollo limitado, pues los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de crecimiento en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar. “En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030”.

Yendo más allá de la procura de un pacto para limitar la cantidad de gases emitidos por la maquinaria industrial –solución que atiende los síntomas del mal-, se apunta directamente a las causas de la enfermedad y se hace notar que “la humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”.

Consecuentemente el Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra, requiere forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos, entendiendo que sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los terráqueos y reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.

Con ese profunda cosmovisión como fundamento esencial, la conferencia de Cochabamba culminó con la exigencia a los países industrializados de que, en el lapso que va hasta el 2020, reduzcan a la mitad sus emisiones de gases de efecto estufa, demanda que se llevará a la CoP-16 a ser realizada en Cancún, México.

Entre las resoluciones más destacadas se cuenta la iniciativa de instalar un Tribunal Internacional de Justicia Climática y la organización de un referendo climático global.

Mientras tanto, Bolivia decidió avanzar haciendo su parte y brindando el ejemplo, y culminó su participación en la Conferencia plantando 10.000 árboles en el departamento de Cochabamba, inaugurando así un programa de forestación que enraizará  10 millones de árboles -1 por cada habitante de Bolivia- en un plazo de 1 año.

El fracaso de Copenhague ha dejado estranguladas las negociaciones con un nudo gordiano al que nadie le encuentra la vuelta para desatarlo. Desde Cochabamba, el espíritu de Mamagaia ha emitido señales reveladoras que pueden ayudar a liberar lo que la brutal atadura aún insiste en retener.
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