Que la fe no mueva la montaña

terça-feira, 12 de outubro de 2010


Mientras escribo estas líneas, en pleno desierto de Atacama se ultiman los detalles para iniciar al rescate de los 33 mineros que quedaron atrapados 700 metros bajo tierra en la mina San José, en Copiapó, Chile.

Florencio Ávalos, Mario Sepúlveda y Carlos Mamani encabezan la lista de los valientes trabajadores que, si Dios quiere, retornarán a la superficie de la tierra y a los brazos de sus seres queridos. Luis Unzúa, don Lucho, el jefe de turno de aquel fatídico 5 de agosto cuando todo se derrumbó encima de sus cabezas, será, como un capitán de barco, el último en salir.

Todo parece estar en orden, todo parece haberse asegurado de manera paciente y eficiente para llegar a un final feliz. Sin embargo, éste es el momento más delicado. El rescate de todos llevará aproximadamente 48 horas y durante esas lapso todo debe estar en su lugar, nada diferente a lo planeado debe acontecer para no frustrar el operativo. Una sola piedra que se desplaze de su lugar, una máquina que falle, un rescatador que se equivoque y hasta uno de los propios mineros que defeccione por la causa que fuere y todo puede quedar comprometido.

El presidente chileno Sebastián Piñera pronunció una frase clave pare el momento: La fe movió montañas, dijo. Así fue. Las complejas tareas llevadas a cabo durante estos dos dramáticos meses estuvieron protegidas y estimuladas por una fuerte corriente de fe sostenida por los familiares de los mineros, el pueblo chileno en general y por mucha gente de diversos lugares del mundo que han orado sin interrupciones durante todo ese tiempo.

Chile es una tierra de fallas geológicas, frecuentes terremotos y tsunamis. Cualquier sacudida podrá echar por tierra todos los esfuerzos realizados. A partir de este instante y durante las próximas 48 horas, nuestro amor debe hacernos multiplicar las oraciones para generar una poderosa corriente que sea oída por ángeles y dioses para que en esta ocasión la fe no mueva la montaña.

El número 33 es en la numerología un número maestro. Es el número de entrega al prójimo, de postergación personal para dar a los otros. Los 33 mineros han  puesto a prueba el amor y la solidaridad del ser humano. Y hasta aquí la prueba va siendo superada. Falta el último trecho, el decisivo. Estés donde estés, dedicale parte de tu tiempo a estos valientes hermanos ensayando al menos una oración, pidiendo a tu Dios, a la Pachamama, a tus ángeles, a quien sea tu guía, la protección necesaria para que todos y cada uno de los 33 vuelvan a la vida. Esta vida, tan dura a veces, tan problemática, tan errada, tan maltratada hasta por nosotros mismos, pero al fin y al cabo la vida que todos deseamos vivir para intentar cumplir con nuestro destino.

Que vuelvan todos, los 33.

Que así sea.
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