La oscura ley de las religiones

segunda-feira, 24 de janeiro de 2011

 
 
Sacerdotes judíos ultraortodoxos consiguieron que la Corte Suprema de Israel autorice que los pasajeros de autobuses y omnibus sean separados por sexo. Los hombres adelante y las mujeres atrás. Los rabinos argumentaron que la defensa del “recato” en público imponía la separación de los viajeros en los superpoblados autobuses públicos. Y se justificaron en la supuesta necesidad de evitar lo que llamaron “tentaciones sexuales”.

La medida segregacionista que pone al país en contradicción con la modernidad promete una polémica sin término. Y fue adoptada luego de casi dos años de debates que enfrentaron opiniones de religiosos, escritores, grupos de feministas y la Corte Suprema. Fue de hecho el máximo tribunal el que estableció que no es ilegal que exista un servicio de transporte público con lugares reservados para las mujeres, que estén separados de los que usan los hombres. Aunque la Corte advirtió que, por lo menos, esa separación debe producirse de modo voluntario, por elección del usuario, es fácil adivinar los conflictos que se generarán.

El primer inconveniente es la arbitraria disgregación que sufrirán los núcleos familiares, cuyos miembros estarán obligados a viajar separados. Incluso los ancianos/as deberían viajar de pie, aun cuando la otra mitad del vehículo —la de hombres o la de mujeres—, esté vacía.

Intelectuales israelíes han expresado su honda preocupación alertando sobre el peligro de la draconiana medida ya que “luego de imponer la segregación de sexo en los autobuses, los rabinos podrían querer imponerla en los lugares de trabajo y en las oficinas públicas”.

Crisis terminal
La separación estricta entre hombres y mujeres no es solo una cuestión de la ortodoxia judía. También es una costumbre común entre los practicantes de las tendencias más rígidas del islamismo, entre otras. Las religiones que aparecieron en la historia para ayudar al ser humano a volverse a ligar (re-ligare) con lo divino parecen haber entrado en una crisis terminal y en esa pérdida de esencia y de rumbo, apenas atinan a aferrarse a las formas obsoletas de la tradición.

El dicho popular "más papista que el Papa"  nace de la denuncia de los excesos de aplicación de los dogmas en que incurren sacerdotes mediocres e ignorantes en su pretensión de mostrar su fidelidad. Esa tendencia se ha acentuado en los últimos tiempos, donde es posible observar  una abierta competencia entre religiones, cuya principal preocupación dejó de ser la mediación mística entre el hombre y el Gran Espíritu para dar rienda suelta a una ambición de poder terrenal que las coloca en una simple y llana disputa de mercado. 

Originalmente destinadas a iluminar la conciencia humana, las religiones llegan al final de un gran ciclo proyectando más sombras que luces, separando a los seres humanos, a contramano de la ley del uno, del proceso cósmico que nos lleva hacia la comprensión de que somos parte de la absoluta unidad.
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