Pare de sufrir

segunda-feira, 2 de maio de 2011

 
 
"Durante muchos años pensé que parte de mi personalidad o carácter era normal. Además de ser lo que había visto en mi familia toda la vida -en especial, durante mi infancia. Sabía por supuesto que sufría, que me causaba problemas graves, que me arruinaba mis relaciones, pero, qué más podía hacer, pensaba. Así era yo.

Eso me llevó durante mucho tiempo, a tener muy pocos amigos y a tener relaciones difíciles y conflictivas. Creía que era normal, que mis peleas con otros se debía a que la gente era muy complicada y problemática. Con mis pensamientos de drama y dolor, no sólo me amargaba y creaba sufrimiento innecesario para mí, sino que contagiaba y cargaba con mi dolor a quienes me rodeaban y usualmente era con mis seres más cercanos con quienes tenía menos cuidado.

En realidad no tenía la experiencia interna en tener relaciones serenas y sanas, había crecido entre los gritos, el drama y el dolor emocional.

En mi familia reaccionábamos como si el mundo se fuera a acabar y fuera lo peor que le pudiera ocurrir a alguien. Lo normal, era responder al drama con otro aún peor. Yo no conocía otro modelo, pensaba que la vida para todos era así. Recuerdo una historia que me contaron, acerca de un señor de 35 años a quien le quitaron un dolor de cabeza que había tenido toda la vida y que sólo reconoció cuando se le quitó. Él como yo, sólo teníamos el dolor como punto de referencia.


Nacidos para sufrir?
Durante años mi esposa me reprochaba el por qué no me desconectaba del trabajo o de los problemas, o porque no disfrutaba de la vida. Yo me quejaba de lo agotado que estaba, pero tan pronto podía relajarme, pensaba en un problema o lo peor, creaba uno.

Cuando las cosas iban bien en mis negocios, creaba otros más grandes o arriesgados, de manera que pronto la tranquilidad que había logrado la perdía de nuevo; era como si disfrutara sufrir.

Un día, una amiga experta en adicciones, me preguntó si yo era adicto al dolor emocional y al drama.

¿Cómo así? le respondí un poco indignado. Sí, me dijo ella, una persona adicta es aquella que no puede vivir sin repetir ese hábito o comportamiento nocivo. Piensa esto  -continuó:

  • ¿Cuando tienes tranquilidad en tu vida, buscas pensar en lo que no está bien o terminas creando algún problema que te atormente?
  • ¿Te ocurre que a veces las personas te dicen algo y con tus pensamientos exageras o lo tomas en contra tuya?
  • ¿Con frecuencia te ves involucrado en conflictos que ni entiendes cómo comenzaron?
  • ¿A veces te descubres solo y en tu cabeza estás discutiendo con alguien, es como si encontraras razones para alimentar y mantener en ti pensamientos que te crean dolor emocional?
  • O cuando tus relaciones están bien, ¿Te parece rara tanta paz y al poco tiempo comienzas el conflicto? ¿Es como si de alguna manera, extrañaras la sensación de dolor emocional?

Observa tus pensamientos por unas horas…

  • ¿Son acaso la mayoría de ellos quejas o críticas?
  • ¿Repites una y otra vez en tu cabeza escenas dolorosas de tu pasado?
  • ¿Alimentas miedos o piensas de manera tormentosa en lo que no tienes en tu vida?
  • ¿Te molestas cuando alguien que te quiere te cuestiona tus miedos para que no te atormentes?
  • ¿Te das cuenta que quizás esos pensamientos son repetitivos, y lo peor, sabes que te causan dolor y sin embargo los sigues alimentando?
  • ¿Cuántos momentos de vida has arruinado con esos pensamientos?
  • ¿Cuánto sufrimiento te has causado?
  • ¿Cuántas noches de desvelo inútiles?
  • ¿Cuántos problemas innecesarios creados?
  • ¿Cuántos gastos adicionales? ¿Cuánto dolor le has causado a quienes te rodean?
  • ¿Cuántas relaciones que has maltratado o terminado para siempre?
  • ¿Cuántas oportunidades buenas has arruinado?

Adicto al dolor
Conocí personas con adicciones, yo mismo había superado conductas adictivas, conocía las características, el adicto después del episodio, y eso era exactamente lo que me ocurría a mí. Creaba drama y dolor y pensaba que era normal, como si nada hubiera ocurrido. Si alguien me confrontaba, justificaba mis reacciones, me ponía defensivo, culpaba a los demás y le restaba importancia al dolor que con mis dramas le causaba a mis cercanos, negaba que esto fuera una conducta habitual mí. Esta es la negación que hace una persona con alguna adicción.

Entendí que no se trataba de sentirme culpable, eso era lo que había aprendido de mis padres y ellos de mis abuelos, como una escuela de crear dolor que pasaba de generación en generación. Lo importante es si tú decides cambiar. Comencé por reconocer que tenía una adicción al drama y al dolor emocional. Que lo creaba y lo alimentaba con mis pensamientos. Acepté que yo tenía el control, que yo no era mis pensamientos ni mis emociones, que yo los creaba.


El sólo tomar consciencia de mis pensamientos transformó mi visión de la realidad, comencé a cuidar mis pensamientos y a no darle energía a los pensamientos con los que creaba drama o dolor emocional. Y eso me premitió crear una gran diferencia en mi calidad de vida. Esos pensamientos siguen apareciendo porque mi mente tiene el hábito de crear el drama, entonces sólo los observo y los dejo pasar como a un invitado a quien no quiero darle importancia. Debo reconocer que no siempre lo logro, aunque cada vez los espacios entre mis dramas son más largos, aún me descubro avergonzado como si despertara en medio de tormentas emocionales que no supe cómo las creé.

No hay drama en mi mente cuando acepto la realidad como es y a las personas como son. Te invito ahora mismo a observar cada pensamiento que te crea dolor, aquellos que te hacen sentir víctima, a auto compadecerte, todo esto, es el combustible de tu adicción al drama y al dolor. Algo que te ayudará muchísimo en este proceso, es denunciarte diciendo a quienes están contigo que estás entrando en el drama, cada vez que sientas que estás cayendo en ese patrón.

Haz un inventario lo más detallado posible del daño que te has causado y los precios que has pagado en todos los aspectos de tu vida y cómo le has creado dolor y sufrimiento a tus cercanos. Perdónate y pide perdón por el dolor creado. Y cada vez que reconozcas un pensamiento que alimenta tu dolor o tu drama piensa en los precios que vas a pagar o que van a pagar los tuyos, si continuas manteniendo ese pensamiento.

Como un buen adicto, no puedo bajar la guardia ni un instante, para no dejar asomar a mi vida esos pensamientos ladrones de paz.

                                                                                    Muy Amigablemente

                                                                                                                 Carlos Devis

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