La indignación chilena

quinta-feira, 11 de agosto de 2011

La mano del viejo orden no logra detener la joven indignación.
Llevan más de dos meses entablando una dura pulseada con el gobierno chileno exigiendo la democratización de la educación. Y los estudiantes chilenos siguen ahí, de pie y tan firmes que el último martes 09 reunieron en las calles de Santiago y otras ciudades de Chile más de 150.000 personas, en otra elocuente demostración de la determinación con que continúan sosteniendo sus demandas. 
Ni siquiera la feroz represión que el gobierno ordenó descargar sobre ellos el pasado jueves 4 consiguió hacer desistir a los estudiantes. Por el contrario, redoblaron la apuesta y esta vez obtuvieron el apoyo de profesores, sindicatos, organizaciones sociales y de la mayor parte de la ciudadanía. 

Las federaciones estudiantiles, que reúnen a alumnos de colegios secundarios y universitarios, buscan presionar al gobierno de Sebastián Piñera para mejorar algunos puntos de un plan de 21 medidas que presentó la semana pasada para mejorar la educación. Los puntos en cuestión se refieren a una garantía constitucional de una educación pública gratuita y de calidad, la prohibición del lucro en las universidades privadas y la devolución al Estado nacional, desde los municipios, de la administración del sistema educativo primario y secundario. En definitiva, se reclama la democratización de la educación.


Estos jóvenes son una versión de los jóvenes españoles "indignados" de Europa que, desencantados del actual sistema, vienen presionando a los gobernantes a meter mano en la transformación de un mundo que se cae a pedazos. Y esta indignación estudiantil chilena comienza a ser acompañada por diversos sectores de la sociedad que enarbolan otros reclamos de corte económico y social, mientras va recogiendo adhesiones de solidaridad desde variadas latitudes de América Latina.

Es que, por más que se insista, ya no hay solución alguna dentro del actual sistema materialista cegado en un único objetivo: el lucro. Todo lo que se intente son parches en un buque de madera podrida que hace agua por todos lados. Y como ninguna medida de fondo que les quite o reduzca el lucro será aceptada por los señores del dinero, la crisis es inevitable.

Se viven días agitados en nuestro planeta. Y todo indica que la agitación y la indignación serán mayores y la crisis más profunda. Pero esa crisis no debe asustarnos, no debe hacernos temer. El viejo mundo se derrumba, sí, y sin embargo la crisis de su existencia es una oportunidad inigualable para los seres humanos. Justamente de las entrañas de esa crisis es de donde debemos sacar las respuestas profundas para comenzar a diseñar el mundo nuevo, la vida nueva, la tierra nueva.
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