Sí, podemos cambiar el futuro

segunda-feira, 17 de outubro de 2011


"Quiero que las personas se digan a sí mismas: si esa niña (de la foto) lo puede hacer (perdonar a sus victimarios), yo también lo puedo hacer".  La aterrorizada niña vietnamita fotografiada desnuda mientras huía de un ataque de napalm se llama Kim Phuc y hoy es una amorosa y sonriente señora empeñada en difundir por el mundo su mensaje de paz y perdón.

"No podemos cambiar la historia, pero con amor podemos cambiar el futuro", afirma Phuc, quien desde hace 14 años es embajadora de Buena Voluntad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Hace ya 39 años que la conmovedora imagen de Phuc dio la vuelta al mundo en aquella histórica fotografía que ilustra la tragedia de los conflictos armados y que le valió a su autor, el reportero vietnamita Nick Ut, el premio Pulitzer.


El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. La niña de nueve años corrió fuera de la población, quitándose su ropa en llamas. Fue luego de ese momento, que el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Inmediatamente, Nic Ut la llevaría al hospital. Y allí la niña permaneció durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel.


Cualquiera que haya visto esta foto habrá visto la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Hoy en día Pham Thi Kim Phuc, la niña de la fotografía está casada y con 2 hijos y reside en Canadá. Preside la Fundación Kim Phuc, dedicada a ayudar a los niños víctimas de la guerra.


Se estima que en el mundo hay más de 1.000 millones de niños que viven en países o territorios afectados por los conflictos armados, casi una sexta parte de la población total del mundo. De este total, unos 300 millones son niños y niñas menores de cinco años, que no sólo sufren las consecuencias directas del conflicto, sino también otras repercusiones a largo plazo sobre su desarrollo y bienestar.


"Yo no he olvidado las cosas del pasado, yo continúo cargando en mi espalda lo que me sucedió", señala esta carismática luchadora, que no deja de sonreír en todo momento a pesar de que aún le duelen las cicatrices provocadas por el ataque de fuego químico que le causó quemaduras de tercer grado en el 65 % de su cuerpo.

Ella asegura que ha perdonado a quienes le hicieron daño, en especial al piloto que soltó las bombas de napalm. Explicó que, con ese ejemplo de vida, quiere trasladar su mensaje de perdón y paz a todo el mundo.

Entendiendo al  perdón como una herramienta de proyección social, Phuc pretende sensibilizar a la opinión pública dejándole unas pistas acerca del espíritu que se necesita para superar los infinitos dolores que deja toda guerra. Espíritu que ella resume en una frase tan simple como profunda: "La guerra no mató mi esperanza".


Y esa esperanza apunta a que los seres humanos redoblen sus esfuerzos para promover urgentes negociaciones y acuerdos que cesen con todo acto bélico en todo y cualquier rincón del mundo, protegiendo el presente y preservando el futuro encarnado en nuestros niños, tan parecidos a los niños que nosotros fuimos hasta hace no mucho tiempo.  
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    O avesso

    segunda-feira, 3 de outubro de 2011

    normal que se olhe as pessoas com desconfiança, pois os argumentos da prudência alimentam esse exercício. É normal, mas é perverso também, porque o olhar desconfiado obriga os semelhantes a comprovarem sua honestidade e, paradoxalmente, quando alguém é verdadeiramente inocente se sente acuado com o olhar desconfiado, logo parecendo culpado. Já os culpados são frios e não se intimidam com o olhar desconfiado, logo parecendo inocentes. 
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    Assim vai a história em seu curso inexorável de autodestruição, pois contrária à Lei da Vida, que não é palavra morta em livro empoeirado, mas a coluna vertebral de toda manifestação. Uma civilização que se baseia na desconfiança e que por isso pune os inocentes e exalta os culpados não merece ser chamada de tal, deve ser destruída porque é o avesso do que apregoa ser".
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    "Es normal que se mire a las personas con desconfianza pues los argumentos de la prudencia alimentan ese ejercicio. Es normal pero es perverso también, porque el mirar desconfiado obliga a los semejantes a comprobar su honestidad. Y paradójicamente, cuando alguien es verdaderamente inocente, se siente cercado, amenazado frente a la mirada de desconfianza y así termina pareciendo culpable. Ya los culpables son fríos y no se intimidan con la mirada desconfiada y, así, acaban pareciendo inocentes.
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    Así va la historia en su curso inexorable de autodestrucción, pues contraría a la Ley de la Vida, que no es palabra muerta en libro polvoriento sino la columna vertebral de toda manifestación. Una civilización que se basa en la desconfianza y que por eso pune a los inocentes y exalta a los culpables no merece ser llamada de tal. Y debe ser destruída  porque es exactamente el revés de lo que pregona ser".
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