El divino arte de amar

quinta-feira, 29 de novembro de 2012

 

Te amo o te necesito

* Por Alú Rochya

Nuestra verdadera necesidad no es ser amado sino poder amar. Sacar afuera esa energía, descubrirnos potentes en la potencia de hacer feliz a alguien. Esa es la experiencia esencial que todos venimos a hacer en este planeta. Amar para limpiarnos del odio y de la sangre derramada que experimentamos en otras vidas. Amar para dejar de matar, ser amadores para dejar de ser matadores. Amar para que dejemos de estar en guerra, para andar por la vida sin pensar que alguno nos matará. Transitar cada dia amando todo y cuanto nos sea posible. Una flor, un pájaro, un niño, una puesta de sol, un amante, la lluvia. Y hasta a nuestro propio enemigo, sí, para que un buen día deje de serlo.

Tú sabes como es. Un buen día llegamos solos a este mundo y otro buen día nos vamos solos de él. Entre un instante y otro se despliega nuestra jornada. Encarnados en este cuerpo, surcando tierras, mares y cielos, atravesando otras almas, otras gentes. En general, el camino de aprendizaje y descubrimientos suele ser duro. Somos ángeles pero no somos santos, mucho menos perfectos. Somos un alma todavía con mucha sombra, imperfecciones a ser pulidas hasta que surja, luminoso, brillando en su esplendor, el diamante verdadero de nuestro ser.

Recuerdas tu niñez? Es cuando iniciamos nuestra marcha y nos presentamos tiernos, dulces, confiados. Jugamos y reímos durante los primeros años, como si este mundo y la vida por aquí fueran absolutamente maravillosos. Durante la infancia ni siquiera el dolor nos parece algo errado. Toda pena se aventa enseguida, cualquier llanto se seca ligero. No es así?  A pesar de los horrores que intuímos la vida nos parece bella.

Y en verdad, la vida es bella.  Vivir es grandioso, transitar esta loca experiencia es algo inigualable. El planeta tiene todo lo que necesitamos para sobrevivir, para andar tranquilos por la vida y hasta para ser felices. Pero este mundo no es maravilloso ni mucho menos. Infelizmente, como tú sabes, el mundo que hemos ido armando durante la parábola histórica no anda bien. Es un mundo hostil, de estúpida competencia, siempre en guerra, siempre amenazador. Y porque este mundo está llegando a su ocaso, se hace más feroz mas caricaturesco, exagerando sus rasgos sobresalientes, sus ambiciones desmedidas, su egoísmo, su obsesión materialista.  

Frente a ese mundo, la inmensa mayoría de los seres humanos crecemos más ignorantes que desprotegidos. Durante la niñez más que padres protectores precisaríamos guías claros, maestros espirituales, faros que iluminen nuestro camino –sean o no nuestros padres. Pero no es así que se dan las cosas. Y entonces, sin guías, sin faros, vamos subiendo a la vida, pero a los tumbos.


El dulce veneno del flechazo
Pasan los cumpleaños, nuestro cuerpo aumenta y el día menos pensado nos sentimos crecidos. El velamen se hincha y la vida nos obliga a navegarla. Pero seguimos sin faros para orientarnos. Y asi, debemos  encarar el itinerario con viento cruzado, sin comprender, directo, las cosas tal cual son.

Te amo o te necesitoDel niño que crece asustado pasamos al adolescente extraviado y confuso, y así nomás, sin escalas, aterrizamos en la vida de los “grandes”, donde nos van obligando a ser adultos a los empellones, a la fuerza. Es que el tiempo es veloz y el trayecto corto. Ya no hay mamá ni papá, ni tío ni abuela que valgan. Ya somos capitanes de nuestro propio barco, navegando sin brújula, soportando tormentas, al borde del naufragio.

Pero como siempre que llovió paró, una mañana las aguas amanecen calmas, el sol brilla, se divisa un horizonte. Una inédita fragancia o un anuncio esotérico nos intima a voltearnos. Y cuando el breve giro acaba, allí están esos ojos apuntando a nuestros ojos, a quemarropa, sin previo aviso. Y empezamos a entreverarnos con el amor.

Amor dijimos? Sí, amor. A veces ese flechazo trae consigo el dulce y sanador veneno del amor. Amor así, simple, puro, llano. Es cuando, de repente, un júbilo nos sacude y nos lleva por la vida como una hoja al viento, compelidos por una extraña e irrefrenable necesidad de amar a esa persona que se nos apareció en el camino como un milagro.

Pero a veces, el olfato nos engaña, y el amor no es el amor. Parece, pero no es. Los síntomas se asemejan, los modos son similares pero, en verdad, la arrolladora convocatoria ha sido acicateada por el instinto de un cazador en busca de una presa. Es decir, no estamos procurando amar a alguien sino intentanto que alguien nos alimente. No es el gozo transparente de nuestra alma en la inminencia de abrazar a un otro sino el consuelo de nuestro baleado corazón ante la promesa de ser abrazado. Y allí surge la pregunta lógica e incómoda...


... ¿Te amo o te necesito?
Y sí, es muy fácil confundirnos. Casi nada en la vida es absoluto, ni blanco o negro, ni bueno o malo. Pero hay un condición que vale la pena tener en cuenta: las relaciones nacidas en la necesidad no son relaciones de amor. Pueden ser hasta amorosas, cariñosas, pero no son relaciones de amor, no están signadas por el misterio que encierra ese encuentro tan especial con alguien tan parecido a nosotros mismos.

Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo? En la decodificación de esta pregunta está la respuesta correcta para lo que es el verdadero amor. Si siento que amo a alguien porque lo necesito, en verdad lo que siento es el deseo de que ese alguien me satisfaga una necesidad afectiva, emocional y/o de cualquier otro tipo. Una carencia mía, una sed profunda, un hambre atrasado. Tal vez procuro echar raíz en este mundo o quizás sea, simple y llanamente, una necesidad de protección.

Te amo o te necesito

Es comprensible que eso nos suceda. Caminamos protegidos por ángeles pero bastante desamparados de calor humano. Entonces, para ser sinceros, en este caso, necesito del otro, preciso del otro, de su alimento. Pero esa necesidad mía no traduce de manera automática un supuesto sentimiento de amor. Me hace bien la compañía del otro, me alimenta, me ayuda, me abriga, quizás hasta me ama pero todo eso no significa que yo lo ame. Lo entiendes?

Si, en cambio, tengo necesidad de estar con alguien porque lo amo, esa necesidad va en sentido contrario. No del otro hacia mí sino de mí hacia el otro. Lo que siento es una necesidad de pasarle al otro esa energía que ha brotado en mí, necesito que el otro esté allí para darle lo que tengo para él, lo que me urge en el alma entregarle. No sé bien qué es, no puedo precisarlo, pero lo siento latir en mi corazón y es tan fuerte que me lleva hacia el otro simplemente para dárselo.

Esta relación nace desde el amor que llevo en mí mismo. Luego viene la necesidad de darle cauce a ese sentimiento, para lo cual necesito del otro a mi lado, claro. Pero no preciso del otro para sentir ese amor. Ni necesito del otro para vivir, para afianzarme en el mundo, para saber que estoy vivo, porque sólo sintiendo ese amor me doy cuenta que estoy viviendo ardorosamente.


Dando es como se recibe
El amor es la energía divina que envía el Gran Espíritu para darle vida a todo. El soplo divino. Como toda energía, mueve, impulsa, estimula, incita, aviva. En esa energía inteligente viaja la fuerza de vida y la información actualizada del cosmos. Nosotros la recibimos de manera permanente. Y desde allí la irradiamos hacia otros, humanos y no humanos.

Te amo o te necesito

Como ves, la energia del amor siempre va. Va de la Fuente Original hasta nuestra fuente interior y así es que Dios nos ama. Y de nuestra fuente interior va a la fuente de lo demás, y así es que nosotros amamos. Por eso, se dice que amar es dar, porque tiene una única dirección, de la fuente de amor hacia el objeto de nuestro amor.

Cuando dos personas se aman a partir de la necesidad, una vez satisfechas las necesidades se acaba lo que esas personas llamaban amor. Cuando dos personas se encuentran y descubren que simplemente se aman, uno entrega ese amor libremente al otro sin esperar nada del otro. Como éste también hace lo mismo con uno, aunque ni uno ni el otro esperemos nada, ambos terminamos recibiendo amor. Se comprende? Simple, dar para recibir.

Todo mundo necesita de amor. Es decir, de energía para seguir vivos, de energía para poder realizarnos. Quienes han sido poco amados por otros humanos sienten que están más necesitados pues se sienten carentes. Y tienden a establecen relaciones para obtener la energía y no para darla. Creen que la energía-amor sólo pueden obtenerla de otros humanos y son, a menudo, demandantes insaciables, vampiros energéticos.
Te amo o te necesito


Quienes se consideran huérfanos de amor no comprenden que el principal flujo de amor del cual pueden nutrirse no es el de otros seres humanos sino el que llega en forma permanente e incesante desde la  Fuente Original, del Gran Amador, del Ser, del Gran Espíritu, de Dios -o como quieras llamarle. Tampoco advierten que ese flujo de energía divina crece a medida que nos vaciamos de ella. A más amor dado a otros seres más amor recibimos de la Gran Fuente. Es decir, más amados somos y, por eso, imposible sentirnos carentes.  

El sentirnos carentes nos duele y el dolor nos rebela, nos pone agrios, amargos y, a menudo, oscuros, sombríos. Perdemos nuestra propia luz y acabamos siendo la contracara, nuestra propia sombra. Sin embargo nuestra carencia tiene más que ver con el misterio divino que con las personas. Pasa que cuando nos desconectamos del flujo divino, de la sonda cósmica, dejamos de alimentarnos y nos tornamos débiles, urgidos de la mayor energía de vida. Sentimos que perdemos fuerza, que nuestra fuente se seca y andamos sedientos.

Ahí suele suceder que nos disfrazamos de amadores y salimos a buscar el vital alimento. En vez de salir a buscar algo, alguien a que amar, procuramos desesperados alguien que nos ame, alguien que calme nuestra sed. A partir de ahí solemos entrar en una seguidilla de errores. Apegados a la otra persona, nos cegamos al resto de la vida. Dejamos de observarnos, de reconocernos, no maduramos. No crecemos, no evolucionamos, no nos hacemos adultos responsables de nosotros mismos. Pasamos a empoderar al otro y perdemos poder propio, independencia, autoestima. Nos tornamos dependientes, nuestra vida entera pasa a depender del otro, el significado de nuestra existencia depende del otro y si por la razón que fuere el otro se aleja, sentimos algo parecido a la muerte.  


Amar es una necesidad
La suspuesta solución se vuelve en contra, como el hechizo contra el hechicero. Porque, apegados, aferrados a la persona que creemos nos salvará, andamos con más miedos que antes. Ahora tenemos miedo de perder la persona-fuente. Es ahí cuando suelen venir los celos; las humillaciones; la insatisfacción permanente que no podemos explicar; y hasta los hijos que llegan para tapar nuevas carencias en vez de arribar como fruto del amor libre y sincero. De allí a la infelicidad, hay un sólo paso.

Para evitar las infelicidades, las decepciones, el profundo desencanto de la frustración amorosa resulta vital reconocer al verdadero amor. En quienes se acercan a nosotros y, sobretodo, en nosotros mismos.

te amo o te necesito

Cómo saberlo, como reconocerlo? Pues veamos algunos tips. El amor sincero es, ante todo, generoso y desinteresado. Es gozoso porque goza con la felicidad del otro. Es inocente, sin segundas intenciones, sin sospechas ni prevenciones. El verdadero amor sólo necesita de una sola cosa: algo, alguien a quien amar.

Podemos tener relaciones de amistad, o solamente sexuales, o simplemente cariñosas, compartiendo un trecho del camino con un semejante. Todas pueden conllevar una cuota de amor. Si se presenta como bueno y enriquecedor, adelante, no te prives, es válido y es bueno. Es así como vamos haciendo nuestra experiencia y la vamos intercambiando con los demás. Pero no confundamos cualquier sentimiento con lo que es el sentimiento mayor. Si tenemos en claro de qué va cada relación, obviaremos las falsas expectativas y evitaremos los engaños de nuestra propia ilusión. Juguemos el juego, pero juguemos en serio.


Revisa tus experiencias, observa tus relaciones y las de los otros. Evalúa bien si tu amor es libre, libre de todo condicionamiento, de toda condición, de todo interés. Amor puro y verdadero es lo que anda faltando por estos días en el planeta. Tú puedes aportarlo, lo llevas en tu alma en cantidades inagotables porque inagotable es la Fuente. Es ahí donde reside nuestro poder, lo que nos hace verdaderamente poderosos. El amor que necesitamos es el que llevamos adentro de nuestro corazón. Sólo ese amor conoce nuestros deseos, nuestro camino, nuestra hoja de ruta en el proceso de aprendizaje que vinimos a ensayar en la Tierra.


Esta extensa reflexión es válida para el amor romántico, es decir en el amor de pareja. Pero es igualmente aplicable a todo tipo de amor. Al amor por lo hijos, al amor por los padres, por los hermanos, por los amigos, por los compañeros, por los vecinos, por los plantas, por los animales., etc. Si establecemos una relación, esa relación es para darle amor a los otros no para recibir nada de los otros. Eso se llama amor incondicional. Si el otro se planta igual frente a nosotros, ahí nosotros estaremos recibiendo también ese amor. Uno y otro amarán y a la vez serán amados. Y todo a partir de la pura intención de amar sin esperar nada a cambio. No es perfecto?


Y ahí estaremos, acariciando la felicidad. La sencilla y serena felicidad, la paz interior que tanto procura nuestra alma. Armonizados con el sentido del flujo de la vida, que va siempre hacia adelante, empujado por el inigualable poder del amor incondicional. 
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