In lak'ech

terça-feira, 30 de julho de 2013



    por los ojos de esa niña egipcia habla el alma de toda la humanidad... 


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Hardware y software

domingo, 21 de julho de 2013


usar con eficiencia el hardware / ordenador

  • cuerpo (físico) 
  • cerebro-mente-inteligencia 
  • presencia
  • energía vital 



para hacer eficaz al software / creador 


  • alma (no física)
  • sabiduría
  • esencia
  • energia estelar   


Un cuerpo saludable y energizado positivamente 
para realizar en la materia los anhelos del alma. 


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Leyes de la Naturaleza (II)

quinta-feira, 18 de julho de 2013



* Por Eduardo Alfonso

Completamos aqui el trabajo del médico naturista Eduardo Alfonso, cuya primera parte la puedes hallar en el post  Leyes de la Naturaleza (I) . En ese post anterior habíamos visto 7 leyes. Veamos ahora las siguientes:

8. Ley de adaptación. Todos los seres adaptan su vida al medio que los rodea para defenderse contra él y para aprovecharlo en su beneficio. El sujeto desnudo al sol se pigmenta, no sólo para defenderse contra las radiaciones luminosas, sino para aprovecharlas en beneficio de su salud y vigor. Las plantas muy soleadas se ponen más verdes con el mismo objeto. El hierro expuesto a la intemperie se cubre de una capa de óxido (orín) que le protege más contra la acción de la atmósfera. El individuo que vive en sociedad se adapta a los convenios colectivos para no ser eliminado y para realizar sus fines particulares. El microbio dentro del organismo, cambia de forma, se cubre de una cápsula, segrega antifermentos..., para defenderse de la falta de sustancias nutricias y contra las defensas orgánicas del cuerpo que le sustenta.

La ley de adaptación es recíproca (sub-ley de reciprocidad causal) por cuanto el medio ambiente es modificado por los seres vivos, que es a quienes corresponde la iniciativa del cambio. Es, pues, el ser, quien modifica el medio en un principio, por su actividad voluntaria intrínseca, aunque sin dejar de adaptarse al medio para no perecer. Concepto este que no deben dejar de meditar los perezosos y escépticos, que siempre están esperando circunstancias propicias para actuar sin pensar que las circunstancias deben crearlas ellos mismos.



La ley de adaptación se halla condicionada por la de los contrarios y la de los ciclos, porque todos los seres vivos evolucionan por la acción alterna de agentes contrarios (trabajo-reposo, frío-calor, sueño-vigilia, vida-muerte...) cíclicamente como hemos visto.

9. Ley de Analogía. Lo que es en el mundo físico y tangible, es como lo que existe en el mundo metafísico e invisible, y lo que se realiza en lo grande, se realiza también en lo pequeño, para efectuarse el hecho de lo uno en lo vario. Es decir, que en todos los aspectos de la vida, rigen las mismas leyes naturales. Así, los sistemas planetarios son de análoga constitución a los átomos químicos. La misma ley de ramificación rige el curso de los ríos en la tierra, de la corriente sanguínea y nerviosa en el cuerpo, de las ramas de los árboles, de los sistemas de numeración en matemáticas, etc. Análogamente existen siete sonidos, siete colores y todas las vibraciones de las energías cósmicas, se resuelven en grupos septesimales, etc.

La trascendencia del estudio y aplicación de esta ley, es de un orden muy elevado. Por ella descubrió la ciencia matemática de Adams y Leverrier la existencia del planeta Neptuno, antes de haber sido visto por el telescopio. Por ella ha descubierto la ciencia química multitud de alcoholes, hidrocarburos y otros cuerpos orgánicos seriados, antes de haber parado mientes en su existencia tangible. Por ella reveló Mendeleeff, con su famosa tabla de las analogías químicas fundamentales hechos de la evolución material. Por ella también han sido solucionados muchos problemas biológicos, a la vista de los procesos maravillosamente semejantes del desarrollo embriogénico de los individuos (ontogenia) y de las especies (filogenia) en la escala magna de la evolución.

Aún en las creaciones industriales del hombre, se ve la fatalidad con que actúa esta ley. No tenemos más que pensar que, v. g., la cámara fotográfica es una reproducción del ojo de los vertebrados; el piano y el arpa son el fiel retrato del órgano de Corti en el oído interno; cualquier máquina de vapor o gasolina, no puede por menos que responder al mismo plan constructivo de los organismos naturales. Nada ha inventado el hombre cuyo mecanismo no preexista en algún ser de la Naturaleza.

10. Ley de los contrarios. Para que todo ser o cosa sea perceptible se necesita un contraste, una diferencia o una variación. Si no hubiese luz no habría sombras, si no hubiese verdad no existiría la mentira, si no hubiese vicio no existiría la virtud. La electricidad se nos manifiesta como positiva o como negativa, dejando de existir actualizada cuando ambas se neutralizan, y quedando entonces potencialmente. Toda vibración (y el movimiento vibratorio ya hemos visto que es el único medio de manifestación) es fruto de las fuerzas centrífuga y centrípeta. En cuanto una cesa, el movimiento se anula. 



El trabajo y el reposo, la noche y el día, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, son agentes contrarios que no pueden existir separados. Forman pares de opuestos, como los sexos, que se neutralizan en el común origen de ambos. Y así, por ejemplo, suprimamos hipotéticamente el sol del sistema planetario, y habrá desaparecido l! a luz, pero con ella la sombra; y el día; pero con él la noche; y la vida, pero con ella la muerte... Al desaparecer la vida, habrá desaparecido la salud, pero también su contraria, la enfermedad Al neutralizarse el sexo masculino con el femenino vuelven los dos a resolver sus energías en la forma original de ambos: la niñez inocente y neutra del hijo.

Podrían ponerse infinitos ejemplos, pero concluyamos, que la percepción de cualquier cosa exige la existencia de su contrario, que la complementa y constituye con ella la unidad. Es la ley de los Opuestos Complementarios, que nos da el claro-oscuro de la vida, digna de ser meditado por los que creen que de la vida puede ser suprimido el mal sin que en el instante dejemos de saber lo que es el bien.

11. Ley de causa y efecto. Todo acto o fenómeno tiene una causa productora, como a su vez produce también un efecto, (el cual no es sino la causa reproducida en otra forma. ¿Cómo podemos imaginarnos que algo exista sin que haya una causa de su existencia? La enfermedad existe, porque hay causas morbosas, los objetos artificiales porque hay causas constructoras; el Universo, porque hay una Causa Creadora... La casualidad no existe, ni el destino ciego tampoco.

Esta ley es la misma de Acción y Reacción. Todo ser, al actuar como agente causal, produce una modificación en el medio universal que le rodea, que es un efecto representado por una reacción del medio proporcionada y condicionada a la acción primitiva, y cuya finalidad es restablecer el equilibrio o armonía, alterado por la acción. La física, en el mundo de la mecánica, estudia esta ley en el llamado postulado de Newton, que dice: la reacción es igual y contraria a la acción. Vemos asimismo en biología que v.g., la aplicación del agua fría en el organismo produce una reacción contraria (de calor) destinada a restablecer el equilibrio, que es siempre la finalidad de esta ley. La acción del sol produce una reacción de sudor y pigmentación regulada por la ley de adaptación. 

En el plano intelectual y en el moral se cumple con la misma maravillosa exactitud. Lo que se llama suerte o desgracia, no es más que la reacción del mundo a la acción de uno según la ley (por lo que a nadie debemos culpar de nuestras desdichas). Esta equitativa ley de Acción y Reacción o de Causa y Efecto, es la justicia de la Naturaleza. Basta con que esta ley se cumpla con el sabio automatismo con que se cumplen todas las leyes de la Naturaleza, para que cada cual no reciba sino aquello que sus actos han provocado, en proporción a su cantidad y adaptado a su calidad. 



El que mete la mano en ácido sulfúrico se quema los tejidos orgánicos en proporción al tiempo que la tenga dentro y sufre un mal de una calidad que corresponde, ni más ni menos, a su ignorancia. De este efecto no puede echar la culpa al ácido, sino a sí mismo, y debe sacar una lección y una experiencia para el porvenir.

Todo esto, en si diáfana simplicidad, es de una justeza admirable. El que dobla violentamente la rama de un árbol, y por la reacción de ésta (elasticidad) se rompe el brazo, no puede culpar al árbol de su desgracia, puesto que él era libre de haber cometido o no el acto ocasional. Los objetos de las acciones vuelven siempre sobre el sujeto que las realiza, como las ondas provocadas en el estanque por la caída de un objeto, vuelven, al chocar con las orillas, al centro de donde partieron, hasta restablecer el equilibrio perturbado de las aguas.

Las causas originan efectos, y estos efectos son causa de otros, forjándose así el hilo del Destino. La ley de Causa y Efecto es fatal, matemática, pero no quita a los seres el libre albedrío, por cuanto queda reservado a su voluntad el hacer o no hacer una cosa u otra. Lo que no se puede esquivar es el efecto una vez cometido el acto.

12. Ley de Necesidad (o de Utilidad). Todo ser o acto responde a una necesidad o utilidad dentro del plan universal de la Evolución. La Naturaleza no crea nada inútil. Es económica y justa en sus manifestaciones, aunque pródiga en sus potencialidades, y hace desaparecer lo ya inservible o inútil. Recuérdese el principio biológico de que "todo órgano que no funciona se atrofia". 

Vemos, en efecto, que todo aquello que ya para nada sirve, es destruido e incorporado a la circulación de la materia elemental (los cadáveres se descomponen, el cordón umbilical se atrofia, seca y cae una vez cumplida su misión, etc., etc.) y en cambio, vemos que la Naturaleza es espléndida en grado sumo en todo aquello que suponga fuerzas en potencia (como lo demuestra el número inmenso de semillas que da a cada planta, de espermatozoides en cada gota de licor masculino, de óvulos en el ovario... la mayoría de los cuales se pierden). La Necesidad es el supremo estímulo de todo acto vital.

13. Ley de Desigualdad. El movimiento tiene por único origen una desigualdad (o excitación). La igualdad es estable. Si no hubiese una desigualdad de tensión eléctrica entre dos fuentes unidas por un conductor, no se establecía la corriente; si no hubiese una diferencia química entre los alimentos y el cuerpo, no habría digestión, ni nutrición, ni fenómenos derivados; es decir, no habría vida por no haber excitación; si no hubiera diferencia de ideas, no habría movimiento intelectual ni progreso, etc., etc. Es pues la desigualdad el origen del movimiento y, por tanto, de la vida. El movimiento tiende a anular la desigualdad, conduciendo al sistema de que se trate al punto de reposo o momento estable, del cual saldrá en cuanto una nueva variación lo solicite. 


Basta una variación de temperatura en un lugar determinado, para que sea seguida de una variación de presión y de corrientes de aire. Es suficiente que varíe débilmente la concentración salina del suero de la sangre, para que se establezcan corrientes acuosas endosmóticas o exosmóticas -según la variación- a través de los vasos, para restablecer el equilibrio químico de su disolución. Podrían multiplicarse los ejemplos hasta el infinito.

Y como la desigualdad o excitación inicial, está en la actividad de los seres animales y vegetales, y en los cambios químicos de los minerales, como también en las combinaciones de fuerzas magnéticas y eléctricas, vitales, radiantes... de unos y de otros, fácilmente se nos da la razón, que, cuanto mayor sea la iniciativa y voluntad original de cada ser, más está en su mano ser dueño y señor de los cambios que originan las desigualdades excitatorias de la vida, y que, por consiguiente, como ya dijimos, el medio ambiente será, en su mayor parte, el creado por la actividad de los seres con más iniciativa y voluntad intrínseca.q

* Eduardo Alfonso y Hernán (1894-1991), fue médico y pionero y maestro de la medicina naturista. (Las leyes de adaptación, de selección, de herencia, de analogía, de los contrarios, de causa y efecto, denecesidad y de desigualdad las encontrarás en un próximo post - Leyes de la Naturaleza II).  
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O tsunami do Brasil

sábado, 13 de julho de 2013


















Foi de repente. Surgiu do nada. Nada nem ninguém podia prever que subitamente tivéssemos a surpresa de uma atônita perplexidade. Os números macroeconômicos do país são bons, os micros, também. O país vivia a euforia de duas copas, a das Confederações — da qual saímos campeões — e a do Mundo, em 2014, da Olimpíada Mundial, em 2016, e da Jornada Mundial da Juventude com a curiosidade sobre o novo Papa Francisco, em sua primeira visita a um país. Em 10 anos, o salário mínimo cresceu 330%, o crédito se expandiu de 22% para 54% do PIB e, com o aumento da nova classe média em 42 milhões de pessoas, explodiu o consumo. O governo tem uma aprovação de 65%. O grau de felicidade com a vida também é altíssimo. As pesquisas trazem a resposta da pergunta: “O Brasil é um lugar bom para se viver?” Resposta: bom ou ótimo, 76%; regular, 18%; ruim ou péssimo, 5%. No setor externo, reservas cambiais de 378 bilhões de dólares e o Brasil como o quarto destino mundial de inversão de capitais, com 65 bilhões de dólares em 2012.

Esse era e é o clima. Surge um aumento de vinte centavos (0,07 euros) da passagem de ônibus na cidade de São Paulo (19,2 milhões de habitantes) e provoca uma explosão popular sem chefe, sem mobilização de qualquer segmento da sociedade civil e reúne milhões de pessoas. O país inteiro, em todas as grandes e pequenas cidades, vai às ruas protestar. Nenhum cartaz ou faixa tem reivindicações institucionais. Não se pede liberdade, nem direito de reunião ou de associação, nem melhores salários, nem condições de trabalho — o país está à beira do pleno emprego —, nem mudança de governo. O que reivindicam? Diminuição dos 20 centavos, fim da corrupção, mais educação, saúde. Cada manifestante prepara seu cartaz na hora, toscamente. Um deles diz tudo: “Neste cartaz não cabem todas as minhas demandas.” Estas são tão diversas e fragmentadas, impossível sintetizá-las. Uma delas é objetiva: o projeto de emenda à Constituição 37, uma disputa corporativa entre Polícia e Ministério Público pela competência de investigação criminal. O Congresso logo a arquivou.

Vou buscar em Galbraith a minha primeira reflexão. Ele diz que a sociedade industrial é hedonista e consumista, não se interessa por valores e sim pela quantidade de nossos bens. Pode ser resumida numa expressão: temos a mais feliz das infelicidades.

Depois do fim das ideologias do nosso tempo — a mais dominante delas, o comunismo —, as novas gerações, sem causa e sem utopias, são presas fáceis do niilismo, das drogas, do alcoolismo e da sublimação dos prazeres. Mas o natural é dirigir suas energias e vitalidade contra as mazelas da condição humana, das injustiças sociais, na beleza do idealismo de todos nós que já vivemos essa fase de querer mudar a sorte da humanidade. Isso é mais fácil nos países em desenvolvimento, onde tudo está sendo feito, quando se descobre, pelas novas tecnologias de informação, o poder de manifestar desacordo com tudo. Reclamam que não participam das decisões de governo, mas têm a força de influenciar sem limites com a capacidade de falar, discutir, inflamar e, através da rede da internet, cada indivíduo transforma-se num ser coletivo.

Qualidade de vida?
Mas não se faça um julgamento abstrato e absoluto. As massas brasileiras foram às ruas primeiro nas grandes metrópoles onde dois problemas são agudos e constituem um caldo de cultura para levantar-se. Não são os vinte centavos de real, mas o tráfego, o trânsito, a mobilidade urbana. Os veículos de transporte coletivo abarrotados, todos gastando por dia, para ir ao trabalho e voltar, cerca de três horas, respirando o ar poluído das grandes cidades — presos de um stress e contraindo uma esquizofrenia pela morosidade da circulação média de 18 quilômetros por hora, igual à das carroças da Idade Média. O fenômeno não é só dos transportes coletivos, mas dos individuais, sujeitos às mesmas circunstâncias, comuns a todas as cidades brasileiras. Enchemos as cidades de automóveis com a melhoria no poder aquisitivo da população chegando a uma velocidade que é impossível alcançar na construção de vias expressas, trens, metrôs, veículos de transporte leve, os VLT.

O segundo ponto é a insegurança. Por uma pesquisa de opinião pública feita pelo IPEA (Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada) — órgão governamental —, 78% dos brasileiros saem de casa com muito medo de serem assassinados. Assim, a população das grandes cidades tem automóvel, chega em casa e encontra televisão, geladeira, rádio e todo equipamento doméstico, mas perde 10% de seu tempo, diariamente, na locomoção, carregada de medo e estressa

Esse caldo de cultura de insatisfação pessoal que chega às raias da revolta é um repositório de todos os protestos — o primeiro deles contra os dirigentes, a classe política com a democracia aos frangalhos, julgada responsável por muitos erros, e contra todos os detentores de poder. Os jovens descambam para a violência, a destruição de bancos, ônibus, trens e até o apedrejamento de igrejas — já que o Brasil hoje tem um forte componente religioso na política pelo relevante número de evangélicos que não aceitam as mudanças de visão nas conquistas de gêneros.

Assim, os brasileiros estão revoltados com a qualidade de vida e não pedindo conquista de bens. No fundo, um fenômeno novo, nada comparável ao da Primavera Árabe. Um ministro japonês do meio ambiente, Oichi, disse uma vez que as pessoas começavam a se perguntar se a frenética busca de aumento do PIB teria alguma coisa a ver com a felicidade do homem.

O fenômeno brasileiro merece uma reflexão profunda sobre a qualidade de vida. O povo julga e pensa que está na maior infelicidade feliz. Tanto que um dos slogans dos protestos é: “Eu era infeliz e não sabia”.

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Vivir lento y pensar a largo plazo

quarta-feira, 10 de julho de 2013




* Por Víctor Amela, Ima Sanchís, Lluis Amiguet

Hace una década publicó Elogio a la lentitud, un best seller internacional que se convirtió en el manifiesto del Movimiento Slow y que dio origen a un sinfín de movimientos: desde la comida lenta, las ciudades lentas o el sexo lento hasta el club de la pereza, en Japón. Ahora, con La lentitud como método, Carl Honoré quiere pasar de la filosofía y los estudios científicos y sociales a ofrecer herramientas para ser eficaz y vivir mejor en un mundo veloz. Para él, la gran revolución del siglo XXI será pasar de hacer las cosas lo más rentable y rápido posible a hacerlas lo mejor posible y pensando a largo plazo; y es aplicable a todo: planeta, política, trabajo, salud, relaciones, sexo.

- Por qué se puso a investigar sobre el tiempo?
- Fue un momento epifánico: una noche, a la hora de la lectura del cuento, mi hijo pequeño me preguntó: "Papá, ¿por qué esta vez sólo hay tres enanitos?".

- ¿...?
- Me saltaba líneas, párrafos y capítulos porque siempre tenía prisa.

- Es una triste realidad muy extendida.
- Yo me di cuenta de que había perdido la brújula y que debía reconectar con mi tortuga interior. Como periodista, quise entender mi adicción a la prisa y me puse a investigar en todos los campos.

- ¿Y descubrió que la prisa mata?
- Mata, nos lleva a cometer enormes errores, nos roba nuestro tiempo y nos impide ser felices. Vivimos en la hiperactividad y la hiperestimulación, y eso nos resta capacidad de gozo, de disfrute, de acceder al placer de cada momento. Mire qué bonito día hace.

- Precioso, sí.
- ¿Dará un paseo y comerá en una terraza al sol, o lo hará rápidamente en la oficina para poder ir al gimnasio?

- Es una opción bastante común.
- A mí eso del gimnasio me parece una metáfora del mal uso del tiempo. Podemos encontrar momentos de ejercicio mucho más sanos y agradables que estar encerrados en una jaula tecnológica con música, pantallas y sudor ajeno; pero somos adictos a las soluciones rápidas y empaquetadas.

- ¿Por qué hacemos eso?
- La industrialización trajo la idea de que el tiempo es oro y empezamos a contar minutos y a darles un valor económico. El tiempo se asoció al dinero y eso no nos deja vivir. Las soluciones rápidas conllevan errores que luego hay que subsanar con más tiempo y más dinero.

- Pero insistimos...
- Sí, porque por cada hallazgo, por cada solución rápida, por esos pequeños triunfos, recibimos una descarga química; eso, unido a que estar ocupado y estresado es signo de prestigio, lleva a que literalmente nuestra relación con el tiempo nos haga infelices. Debemos aprender de nuevo la lentitud.

- Primero habrá que valorarla.
- No hay más que informarse: todas las grandes ideas son el resultado de horas en soledad mirando el cielo, pensando y planificando. Cuando surge la chispa, esa brillante intuición no es más que el resultado de tu base de datos, de relacionar una idea con otra. Las investigaciones sugieren que se requieren diez mil horas de práctica para dominar una disciplina hasta el punto de poder dar los saltos intuitivos que diferencian a los mejores de los mediocres.

- Me está hablando de dedicar horas.
- Le estoy diciendo que son los detalles ínfimos y cotidianos los que marcan la diferencia, y para percibirlos y trabajarlos nuestro objetivo ha de ser el largo plazo.

- ¿Pensar en lo pequeño para llegar a lo grande?
- Para llegar a lo óptimo. Si no tiene tiempo de hablar con su pareja, de jugar y reír con sus hijos, ¿qué relación espera tener? Si en general dedicamos más tiempo a mirar la tele que a mirarnos a los ojos, ¿espera que la pasión se instale en su vida? ¿Qué cree que lamentará más su marido en su lecho de muerte, haberse perdido partidos del Barça o no haber amado más profundamente?

- Entiendo.
- John Wooden, considerado uno de los mejores entrenadores de la historia del deporte universitario, batió el récord al ganar diez campeonatos en diez años. Enseñaba a sus jugadores a ponerse las medias, cómo enrollarlas, meter la punta del pie e ir desenrollándolas. Decía que las medias arrugadas causan ampollas que afectan al rendimiento, pero sobre todo que la atención a los pequeños detalles que pasan inadvertidos es la diferencia entre ser campeones y casi campeones.

- ¿Qué nos aconseja para convertirnos en campeones?
- Acepte la incertidumbre, que es consustancial a la vida y que en esta sociedad llevamos muy mal. Reconozca las equivocaciones, porque eso permite cambiar la óptica y encarar el mundo con más frescura intelectual. Y, sobre todo, juegue.

- ¿A qué?
- A explorar sin prejuicios. Hoy la ciencia nos dice que el juego puro nos reorienta el cerebro y nos provoca una expansión de creatividad. Es otra manera de pensar que nos conecta con el otro para argumentar, desafiarnos, crear.

- Requiere esfuerzo.
- Buscamos atajos que tratan los síntomas del problema en vez de la causa y queremos que la solución nos entregue un punto final, pero para los problemas complejos no hay punto final.

- Su música de fondo es el tic tac...
- Gracias a las nuevas neurociencias sabemos que simplemente mirando un reloj al ser humano le entra angustia. Yo lo he desterrado.

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