A este cuento le falta un Alí Babá

quarta-feira, 11 de dezembro de 2013















* Por Alú Rochya

Este texto fue escrito y publicado originalmente en este blog en agosto del 2010. Han pasado más de 2 años y los fundamentos siguen llamativamente intactos. El escrito había sido estimulado por una de las noticias más curiosas de ese entonces:  Bill Gates -fundador de la Microsoft y dueño de una de los mayores patrimonios del mundo- tomó la iniciativa de donar la mitad de su vastísima fortuna, que supera los 50 mil millones de dólares, a obras de caridad. En el gesto lo acompañó el gurú financiero Warren Buffet, y otros 38 multimillonarios de Estados Unidos los siguieron. 

Desde entonces algunos más se sumaron en las declaraciones de buenas intenciones publicadas en el sitio The Giving Pledge (El Compromiso de Donar) pero poco y nada se sabe de la realización concreta de tan dulces promesas. De lo que sí hubo noticias es de que Bill Gates volvió a ser el hombre más rico del mundo, ahora con una cuenta de 65 mil millones de dólares. Es decir, el filántropo de Bill no sólo no se desprendió de la mitad de su fortuna sino que la aumentó en 15 mil millones de dólares... Bueno, lo que sigue es aquel post del 2010...   

... Dicen que la idea es convencer por lo menos a la mitad de los 400 más adinerados de Estados Unidos y así reunir un fondo que alcanzaría la increíble cifra de 600 mil millones de dolares. ¡Guauu!!!

¿Qué bicho le picó a Gates y a sus amigos para, de repente, asumirse tan caritativos? ¿Hasta dónde esta propuesta es real o mero fuego de artificio?


Después de un par de semanas de realizado, el anuncio no ganó mayores adhesiones. Inclusive algunos, como el mexicano Carlos Slim, desdeñaron la propuesta. “Me parece un absurdo dejar la mitad de mi fortuna para que la maneje un advenedizo” expresó Slim. Al parecer, a quien es hoy el hombre más rico del mundo, no le causó mucha gracia la ocurrencia de desprenderse de la mitad de sus 53 mil millones de dólares.

Y entonces todo ha quedado por ahí, sin mayores proyecciones, pues ni siquiera los que figuran en la lista de los 40 “donantes” -publicada por la página web The Giving Pledge (abajo encontrarás el link)- precisan cuánto donará cada uno, cuándo lo harán, en qué obras de caridad se aplicarán y cómo.

Caridad sí, proyectos no?
Si observas objetivamente la noticia, encontrarás algunas evidencias de fondo. Por ejemplo, si alguien está dispuesto a donar la mitad de sus bienes ese alguien tiene bienes suficientes para continuar manteniendo, por lo menos, su estatus de vida. Si tú o algunos de tus amigos, tuvieran la misma ocurrencia, de repente sus vidas presentarían ciertas dificultades ¿no es verdad?  Bien. Figuras como Gates, Buffet, Bloomberg, Slim después de donar la mitad de lo suyo aún dispondrían de unos 25 mil millones de dólares cada uno.

Es decir, donan quienes pueden, pueden quienes tienen, tienen quienes acumularon cifras fabulosas en un sistema capitalista cuyos propios fundamentos originales han degenerado y cuyo leitmotiv es hoy apenas la generación y acumulación de excedentes financieros. Ese sistema del cual los “donantes” tanto se beneficiaron, se organizó desde la concepción materialista de la vida y controla al mundo apelando a las más diversas y crueles formas de sometimiento de los seres humanos, reduciendo a la inmensa mayoría a la condición de esclavo productor y consumidor de productos, como fórmula segura de mantener funcionando la idea madre, la matriz, la Matrix.

El segundo dato nos cuenta que aún si los ricachos del mundo entero se desprendieran de la mitad de sus fortunas, la otra mitad que retendrían en sus manos les alcanzaría y sobraría para seguir condicionando y controlando a la humanidad.

Nelson Rockefeller enseñaba que lo importante era alcanzar el primer millón de dólares porque a partir de ahí lo demás venía solo. El buen chico de Bill Gates ya era parte del comando económico del planeta mucho antes de llegar a los 25 mil millones con los que ahora, teóricamente, se quedaría. Imagináte que a partir de esa cifra “lo que viene solo” puede ser muchísimo más de lo que imaginaba el viejo Nelson.

Otro punto interesante emerge del objeto de las donaciones. Ellos usan la palabra filantropía  y en ella engloban diversos destinos para sus dineros. Puede ser la construcción y sostenimiento de un simple comedor infantil para niños pobres o la provisión de una red cloacal. Todo queda dentro del marco general de la caridad y el humanitarismo.

Nada se destina a crear condiciones de organización social acorde con el momento del planeta y las necesidades de determinada comunidad. Es decir, no hay plata para financiar proyectos ecológicos, solidarios y autosustentables que tengan como objetivo el bienestar de la gente y no la exclusiva ganancia de dinero. Y que permitan la independencia de una comunidad, al demostrar que existen alternativas reales a la agotada experiencia del sistema de acumulación boba y la vida desalmada.

Cuando la limosna es grande...
Un antiguo refrán popular advierte: cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Quienes sospechan de la inédita movida sostienen que, en el mejor de los casos, la cúpula de dinerama puede intentar cambiar algo para que todo siga igual. La lectura tiene asidero.

Desde la crisis financiera que estalló en el 2008, Gates es uno de quienes impulsan con mayor entusiasmo la refundación del capitalismo. Para eso, Gates nunca ha logrado hacer una propuesta mejor que la de atender y auxiliar a los más pobres del mundo acercándole las sobras del mundo rico. El genio de la Microsoft se ha quedado sin ideas geniales y su software para los males del planeta sufre el mismo problema que su máxima creación, el sistema operativo Windows.

Gates encara el mundo con el mismo modelo con el que construyó Microsoft. Su caballito de batalla, Windows, es actualizado permanentemente con funciones atractivas pero, al fin y al cabo, superficiales     con el mismo objetivo del poder videofinanciero el que hace parte: obtener nuevos lucros a costa de los ingenuos adoradores del consumo infinito


Es decir: cambiar algo para que todos sigan prisioneros de lo mismo. Igual acontece con los celulares: le ponen un colorcito nuevo a la pantalla y un par de funciones prescindibles que jamás usarás  para que conviertas en chatarra el utilísimo teléfono móvil que hoy tienes en tus manos  y compres/consumas el nuevo modelito.

Windows sigue siendo un sistema cerrado y por lo tanto las “novedades” son las que aporta un pequeño grupo de programadores. De tal manera, los cambios quedan reducidos a lo que pueda surgir de ese grupo. Es simple: en un sistema abierto -como Linux, por ejemplo- el número de cabezas pensantes se multiplica geométricamente y crecen las alternativas. Y abierto, también crece la independencia.

Autonomía, mayor participación, diversidad de pensamiento y mayor poder de decisión de los usuarios convertiría a las herramientas de Microsoft en algo mucho más útil para todo el mundo, pero Gates y sus socios dejarían de embolsar millones. Hoy logran colocar sus productos y sus actualizaciones cosméticas, valiéndose del  fascismo de mercado.

Las computadoras vienen, en casi todos los casos, con el último Windows incluído y con serias trabas programadas para dificultar la mudanza de sistema. Te lo enchufan te guste o no. Aún cuando el último modelo no funcione debidamente, como aconteció con el Windows Vista que se ganó el premio de fiasco tecnológico otorgado por los propios especialistas o como acontece ahora con el Windows 8. Por otra parte, las versiones anteriores son paulatinamente abandonadas por Microsoft que van dejando a sus usuarios sin parches de actualización, obligándolos, dictatorialmente, a migrar siempre hacia la última versión.

El bueno de Bill intenta replicar su política comercial a la hora de perfilar la “refundación” del sistema capitalisya que él afirma ser el mejor del mundo. Es decir, pretende distraernos con espejitos de colores y retoques caritativos, haciedo que el funcionamiento del mundo continúe igual, amenizando los dolores y miserias en que está sumida la mayoría, para, de tal modo, evitar rebeliones que coloquen en peligro el control que ellos desean continuar detentando.

Y si devuelven todo?
Los países ricos representan menos de ¼ parte del mapa terrestre y concentran 80% de los recursos del planeta. Apenas 500 familias –entre ellas las de Bill y sus amigos "filántropos"- reciben la mitad de la renta que se produce en todo el globo. La otra mitad es repartida –también de manera injusta- entre 7.000.000.000 de seres. Jamás existió tamaña inequidad en la historia del hombre. Jamás unos pocos embolsaron tanto dinero. La brutal desigualdad no se resuelve con donaciones parciales. Lo que se impone es devolver todo y dejar de robar.


El antiguo cuento oriental de Alí Baba y los 40 ladrones nos relata cómo hizo un hombre simple y humilde para quedarse con la fortuna que acumularon una banda de delincuentes que andaban robando por aquí y por allá. Si los 40 multimillonarios norteamericanos desean de corazón terminar con la injusticia social deberían asumir su verdadero rol en este gran cuento de la humanidad y despojarse del 99,9% de sus bienes (Bill se quedaría con una miseria de 50 millones de dólares, pobre...) y entregarlos a los simples y humildes Alí Babás que deambulan por la Tierra, condenados, miserables y hambrientos de pan, de espíritu y de belleza.

Sería bonito. ¿Tú, lo ves posible? Hummm.... Ya lo dijo un maestro, es más fácil hacer pasar un camello por el ojo de un aguja. Pues bien, ¿y entonces? Entonces es que no puedes esperar que hoy el sistema materialista te dé lo que nunca te dio. Y qué hacer? Bueno, están los que proclaman su desacuerdo con los dueños de la pelota y proponen "humanizar" el mismo juego. También hay quienes pretenden gestar épicas revolucionarias y salir a arrancarles lo que los señores absurdamente acopian. 

Prefiero desconfiar de las viejas fórmulas, al final tan parecidas a lo que dicen combatir. No me seduce el colgarme un cartelito de buen chico y usar las misma armas de los adinerados caballeros. Tampoco me resulta inteligente cambiar un materialismo por otro por más socialista que éste se declare. Ni dejar mi destino en manos de ningún líder "revolucionario". Prefiero evitar engañosas refundaciones y dudosas  revoluciones y entonces dedicarme a encarar la fundación de un nuevo mundo, de una tierra nueva.

Otro mundo es posible, sí. Pero ese mundo lo construiremos si logramos salir mentalmente del actual sistema y su tramposo funcionamiento. Que es como liberarse del control neuronal de la Matrix, para dejar de servirle como esclavo de su destructivo modo de producción y como bobo consumidor de lo que no necesito. Porque no es precisamente una demostración de salud vivir adaptado a una sociedad enferma.  

Creatividad humana para imaginar, fundar y organizar un mundo nuevo. Que deberé empezar desde mí mismo, desde la familia, desde la comunidad, soñando que un día será en todo el planeta. Porque la verdadera revolución es la que hago dentro mí mismo. Oyendo a mi alma y al alma de los otros. Y después entrándole a la vida; haciendo permacultura; cooperando; planeando lo sustentable; saliendo de las ciudades y organizándonos en comunas; ensayando la economía solidaria; decreciendo materialmente para crecer espiritualmente, para vivir dignamente nuestra singular aventura en la Tierra.q
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