Decrecimiento con dignidad

quarta-feira, 28 de maio de 2014



Estamos en el fin de una era. La creencia en un crecimiento ilimitado ha entrado en colisión con los límites del planeta y ha generado una crisis de todos los paradigmas basados en la idea de un tiempo lineal siempre mejor, dando lugar a una creciente preocupación por la sostenibilidad”. Se hace imprescindible repensar el paradigma científico y tecnológico vigente. Aquí enumeramos algunas reflexiones, alertas y propuestas de cara a la inevitable transición hacia una época nueva generadas en encuentros y congresos de estudiosos latinoamericanos. 


El cambio climático, el crecimiento de la pobreza y de la exclusión y la crisis de los recursos naturales se suman para configurar un escenario inédito en el planeta, indicador del  final de una era.

Los actuales modelos de desarrollo basados en la idea de que el crecimiento económico y el avance científico y tecnológico garantizan por sí mismos el progreso social y la expansión del hombre ya no sirven ni para una cosa ni para la otra, pues se trata de paradigmas agotados.

El crecimiento permanente es imposible. La población del planeta creció 4 veces en el último siglo, el PIB mundial 14, el uso de energía 16 y el consumo de agua 9. Un ritmo insostenible en el tiempo.

Uno de los problemas claves es que la idea de crecimiento permanente está en el ADN del capitalismo, lo que nos está conduciendo a un suicidio colectivo.

No hay salida desde los fundamentos científicos modernos pues se muestran incapaces de establecer una visión de conjunto, tienden a la fragmentación del conocimiento y les cuesta establecer relaciones. Por lo tanto la solución pasa por establecer un nuevo paradigma civilizatorio: el de decrecer con dignidad.

El decrecimiento con dignidad sería algo así como una forma de ecosocialismo, pues  el acento ya no estaría puesto en la producción sino en la distribución, recurriendo a un tipo de economía biomimética que imite las características de los sistemas vivos, autodirigidos, autorrealizantes y cooperativos que se pueden hallar en la naturaleza.

Latinoamérica vive las consecuencias de copiar modelos de desarrollo ajenos, desadaptados a las realidades del subcontinente, una de cuyas expresiones más negativas es un modelo agropecuario totalmente equivocado centrado en las grandes áreas cultivadas para la producción de materias primas y energía.

El subcontinente vive una situación neocolonial en materia de ciencia. Urge revisar el paradigma de la ciencia, pero desde una perspectiva regional: pensar en un paradigma de la ciencia que esté de acuerdo con la realidad y las necesidades específicas de la región.

La crisis de los recursos naturales es heredera del pensamiento de Descartes, quien al separar el sujeto del objeto puso al hombre fuera de la naturaleza, generando una forma de concebir al mundo cuya consumación aparece en una visión de lo humano que busca dominar y apropiarse de la naturaleza. Los científicos deben pasar a cuestionar esta idea que llega a América con la colonización española-portuguesa.

Hay que cambiar el paradigma de la ciencia para que no esté al servicio de un modelo tecnocrático que permite el saqueo de los recursos naturales latinoamericanos. Hoy el sistema científico tecnológico apoya y no critica, cuando debería ser una instancia de reflexión que se plantee esta pregunta: ¿para qué se genera el conocimiento?”.

Cuando se acepta el uso de transgénicos se hace a partir de una premisa instalada según la cual la ciencia va a traer progreso por el simple hecho de ser ciencia, con lo cual se acepta cualquier intervención a la vida sin medir sus consecuencias ni reflexionar sobre ellas.

La revisión debe alcanzar al conocimiento científico organizado como propiedad privada. Se hace imperioso socializar el saber, así como repensar el modelo de ciencia y tecnología, para que se base en la solidaridad y no en la competitividad.

Hay cuatro desafíos urgentes para el mundo: estabilizar la población humana, erradicar la pobreza, recuperar la naturaleza y establecer un patrón climático.

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Cambiando el paradigma

domingo, 25 de maio de 2014




* Por Alú Rochya

Un paradigma es un modelo, la representación de un patrón a ser seguido, una matriz cultural que implica el cultivo de determinados valores y métodos. Es una cosmovisión, una idea de cómo es y debe ser el mundo y la vida, en fin, un modelo. Y es el paradigma del materialismo lo que ha caído, definitivamente, en la obsolescencia. Está agotado como modelo social y cultural, y se ha revelado insuficiente -y hasta contraproducente- para dar satisfacción a los anhelos de realización del alma humana.

Y con el materialismo se desmoronan los valores, las morales, los modos, las formas, los pensamientos, los sentimientos, las fórmulas, los medios y los fines que fueron caracterizando a la civilización humana a través de los últimos 13.000 años. Un vasto y profundo cambio se viene perfilando en las mentes y corazones más abiertos, más osados, más innovadores. Y la esencia de ese cambio es un cambio de paradigma.

La tan trillada frase de que el dinero no hace la felicidad ha sido blanco de desvalorizaciones, chacotas y desprecios varios a medida que la producción de bienes materiales fue aumentando y creciendo en sofisticación y como valor de cambio. Pero el espíritu de la frase continúa intacto, y es reconocido y aceptado hasta para esterilizar su aplicación práctica. Alguien que pretendió defender el poder de la vil moneda dijo: “es verdad que el dinero no es garantía de felicidad, pero si me toca llorar prefiero hacerlo sentado arriba de una Ferrari”.

Ahí está todo explicado. Sabes que el dinero no te hará feliz, sabes que podrás tener una Ferrari y que llorar acomodado en su butaca resultará más confortable y hasta te otorgará un cierto estatus. Pero reconoces que no evitarás llorar, no podrás evitar sufrir. Y ese es el gran tema. El sufrimiento. Ese inacabable sufrimiento que ni las más avanzadas de las tecnologías ni los más deliciosos placeres han logrado aventar del corazón humano.

¿Por qué? Simplemente porque la felicidad es cosa del alma. Si el alma no se realiza, si no hace reales sus potencias, sus talentos, sus sueños, sus anhelos, no hay dinero que compense el dolor de no ser, la tristeza infinita de haber dejado de cumplir, de haber desechado la gran oportunidad de crecer, de evolucionar, de ser mejor. El alma es la palabra cuyo significado encierra la clave de nuestra esencia, lo que nos es propio por naturaleza, lo que revela nuestra identidad, lo que realmente somos. 

Y si eso que somos no encuentra un cauce de realización, de convertir lo anhelado en actos ciertos aquí en la tierra, interiormente somos infelices. Y eso es lo que duele, lo que nos hace sufrir por más abultada que sea nuestra cuenta bancaria, por más veloz que sea nuestro automóvil, por más funciones que traiga el smartfone o el iPad, por más placentero que sea entreverar mi piel con otra piel, por más fama que consiga, por más poder conquistado.

El vacío interior
Somos una maravilla biológica, un cuerpo orgánico de inigualable inteligencia en este plano terrenal. Sin embargo, somos apenas un medio, un vehículo, un sirviente del alma. A sabiendas de que cuenta con esa extraordinaria herramienta de realización, el alma -tenaz, inquebrantable, incorruptible- puja sin cesar en su porfía por ser, por alcanzar existencia real. 

El alma es una dulce y bella fiera que cada día exige su ración. Si le das su alimento, te hará feliz. Caso contrario no te dejará vivir en paz y amenazará con devorarte. Cuando esa demanda álmica no es atendida te tiñe de insatisfacción, te sientes sin brújula, tu vida pierde el rumbo, vivir pierde sentido. Y es eso lo que provoca un sufrimiento tan profundo que no hay dinero que lo cure. Podrás tener todo por fuera pero te sentirás vací@ por dentro.  

El hombre apostó todo a la materia y durante miles de años desafió a su propia naturaleza en una colosal y absurda pulseada. Todavía hoy los ideólogos y dirigentes mejor intencionados insisten en el error. Predican una sociedad materialmente más igualitaria, donde las riquezas sean distribuídas con equidad y eso se convierte en su fin último. Por eso se derrumba el capitalismo y por eso ha fracasado sonoramente el socialismo. Su mirada no puede trascender lo contornos limitantes y reduccionistas de la materia. 


Por supuesto que las riquezas que la Madre Tierra proporciona deben servir a la sobrevivencia de todos y no apenas a las de unos pocos, pero eso es apenas el medio y no el fin. La finalidad de toda sociedad debe ser la creación y generación de todas las condiciones necesarias para que cada individuo pueda encarar su jornada de evolución personal mediante la realización de los mandatos de su alma.

Esos mandatos tienen mucho más que ver con cuestiones afectivas, emocionales, sentimentales, espirituales, que con el dinero, el comercio, la economía  o las finanzas. Los mandatos álmicos están más vinculados a la armonía con la naturaleza que al intento de dominarla; a la cooperación antes que a la competencia; a la paz antes que a la guerra. Es decir, a todo aquello que trasciende el mero marco biológico animal en que está encuadrada el alma.    

Esta civilización cumplió su ciclo. Viajando en el sistema solar, el planeta Tierra va saliendo de sus tiempos más sombríos y comienza a ubicarse más cerca del centro de la galaxia, desde donde nos llega - a través del Sol- cada día más luz. Y así comenzamos a ver lo que no veíamos, que el actual sistema materialista se ha mostrado manifiestamente inútil para representar al ser human@ y su proyecto de trascendencia. Un proyecto que está pensado y organizado naturalmente para la evolución amorosa de todas las expresiones de vida que habitan el cosmos.

Si empezamos a atender los mensajes que nos están llegando desde todas partes para darle cauce a la transición hacia la vida nueva, es posible que iniciemos el diseño de sociedades cuyos paradigmas apunten a lo que en esencia somos, en tanto seres cósmicos inteligentes y amorosos, y menos a la estúpida acumulación de dinero, objetos o falsos prestigios. Es decir, terminar con la ilusión de que la materia es el fin último y el premio que nos hará feliz y asumir la realidad de que la materia es un medio, es la arcilla con la que podemos moldear los más preciados sueños que trajimos en el alma cuando descendimos en este bendito rincón del cosmos.q
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28 tips para cuidar el ambiente

quarta-feira, 21 de maio de 2014



Lo que cada uno de nosotros hace de manera errada irrespetando el medio ambiente, desdeñando cuidados elementales y mínimos es realmente ínfimo e irrelevante ante lo que hacen las grandes empresas cuya voracidad financiera puede, por ejemplo,  arrasar millones de hectáreas de bosques cada año. Pero el hecho que un tío sea ladrón no significa que yo también deba serlo, verdad? Y si cada uno de nosotros pone un poquito, pueden ser millones de poquitos que hagan el mucho necesario para empezar a frenar el delirio capitalista/materialista que coloca en riesgo nuestra propia sobrevivencia. 

Entonces, haz tu parte, yo la mía, cada cual la suya. Y muéstrale a los niños -hijos, sobrinos, hermanitos...- que ellos lo entenderán. Y multiplicarán las enseñanzas para cuidar de Gaia, esta casa de todos. Cómo hacer nuestro poquito? Aquí van 28 sugerencias básicas. De acuerdo a la condiciones en que vivas, algunas pueden servirte y otras no. Tú sabrás como administrar esta información:

  
  
1. COCINA CON FUEGO MÍNIMO












Por más que aumentes el fuego, tu comida no se va a cocinar más rápido. Resulta que el agua no pasa de 100ºC en una olla común. Con el fuego alto lo único que se consigue es quemar la comida.

2. TAPA LAS OLLAS CUANDO COCINES
¿Parece obvio, no? Y lo es, sí. Al tapar las ollas mientras cocinas, tú aprovechas esa parte del calor que simplemente se perdería en el aire con la olla destapada. Lo que te demandará más gasto de energia.

3. USA UN BOTELLÓN TERMICO CON AGUA HELADA
Consigue uno de esos botellones térmicos de campamento, de 2 o de 5 litros. Por la mañana, llénalo de agua bien fría y agregale cubitos de hielo. Así tendrás siempre agua fresca hasta la noche sin necesidad de abrir una y otra vez la heladera.

4. APRENDE A COCINAR EN OLLA DE PRESIÓN
Créelo. Da para cocinar todo en olla de presión. Frijoles, arroz, pastas, carne, pescado... Cocinas mucho más rápido, y lo más importante: economizas un 70% de combustible (gas, leña o lo que sea).

5. ANTES DE COCINAR RETIRA DE LA HELADERA TODOS LOS INGREDIENTES
Evita el abrir-y-cerrar la heladera cada vez que debás agregar esto o aquello. Retira los ingredientes de una sola vez. Cerrada, la heladera mantiene su temperatura y por eso no requiere consumir más energía. Simple, no?

6. COME MENOS CARNES ROJAS
Criar ganado bovino resulta en uno de los mayores aportes al calentamiento global. No, no es un chiste. ¿Ya has sentido aquel olor espantoso cuando te aproximaste de alguna estancia o hacienda, donde crían vacas o chanchos? Bueno, eso es por el metano que compone los excrementos de los animales. El metano es un gas inflamable y contaminante que aumenta el calor del ambiente atmosférico. Además de eso, el ganado, demanda una cantidad enorme de agua. Para que tengas una idea: para producir 1kg de carne roja se precisan como mínimo 200 litros de agua. Por eso, si puedes, no comas más carne roja o, por lo menos, baja el consumo. Más vegetales. Verás que te sentirás mejor.
 

7. NO CAMBIES TU CELULAR TODAVÍA
Ya pasó el tiempo en que el celular era signo de estatus. Hoy es una necesidad. ¿Cambiar tu celular que funciona perfectamente por uno más moderno sólo por mostrarte ante los demás?... Piensa bien: mientras te funcione y esté en buen estado, es mejor que te quedes con tu celu. Si el problema es la batería, pues cambia sólo la batería. Los celulares trajeron mucha comodidad pero utilizan derivados del petróleo y metales pesados que contaminan seriamente al medio ambiente. Además, en la mayoría de los casos, son producidos utilizando mano de obra barata en países en desarrollo y pobres. Utiliza tu celu hasta el final de su vida útil, pues a más celulares más contaminación del ambiente y más explotación del hombre.

8. COMPRA UN VENTILADOR DE TECHO
No siempre hace tanto calor como para prender el aire acondicionado. En la mayoría de las veces un ventilador de techo es lo ideal para refrescar el ambiente gastando 90% menos de energía. Una alternativa puede ser combinar el uso de ambos: regula el aire acondicionado al mínimo y enciende el ventilador. Haz la prueba.

9. USA SOLAMENTE PILAS Y BATERÍAS RECARGABLES
Es verdad que son más caras. Pero al medio y largo plazo ellas se pagan solas y encima ahorras dinero. Duran años y puede ser recargadas, en promedio, unas 1.000 veces. Qué tal? 

10. LIMPIA O CAMBIA LOS FILTROS DE TU AIRE ACONDICIONADO
Un aire acondicionado sucio representa unos 160 kilos de gas carbónico demás lanzado por año a nuestra atmósfera. Y limpiar esos filtros no cuesta nada.

11.CAMBIA LAS LÁMPARAS INCANDESCENTES POR FLUORESCENTES
Sinceramente, no tolero lámparas fluorescentes. A diferencia de la calidez de las lámparas tradicionales, dan esa luz mortuoria, fría, de morgue. Pero se puede optar por usar menos las incandescentes o bien procurar fluorescentes que dan una luz más amarillenta. Lo que es verdad es que lámparas fluorescentes gastan 60% menos energia que una incandescente. Así, se puede economizar dinero y unos 136 kilos de gás carbónico anualmente.

12. ELIGE ELECTRODOMÉSTICOS DE BAJO CONSUMO ENERGÉTICO
Procura por aparatos que lleven el sello Energy Star.

13. NO DEJES TUS APARATOS EN STAND BY
¿Sabías que la función stand by de un aparato usa entre 15% y 40% de la energía consumida cuando está en funcionamiento? Pues bien, simplemente puedes evitar eso desconectando el aparato.

14. FÍJATE BIEN DONDE COLOCAS LA HELADERA Y EL FREZER













Si están cerquita de la cocina, utilizarán mucha mas energía para compensar el frío perdido. También es recomendable que heladeras y freezers estén apartados por los menos 15 cm de las paredes para que tengan más ventilación.

15. DESCONGELA HELADERAS Y FREEZERS ANTIGUOS CADA 15 O 20 DÍAS
El exceso de hielo reduce la circulación del aire frío en el aparato. Para compensar, el sistema trabaja más y gasta más energía. Si tienes algún dinerillo sobrando, puedes considerar cambiar el electro. Heladeras y freezers nuevos consumen la mitad de la energía de los más antiguos , lo cual, a medio o largo plazo acaba subsidiando la diferencia del precio a pagar.

16. USA LAS MÁQUINAS DE LAVAR ROPAS Y VAJILLA SÓLO CUANDO ESTÉN LLENAS
Si son un par de platos lávalos a mano. Si son varios pero no están muy sucios, no uses agua caliente, con el detergente ya es suficiente. Si vas a lavar poca ropa, usa el modo de media carga de agua. Con esto se ahorra una buena cantidad del líquido e indispensable elemento.

17. RETIRA INMEDIATAMENTE LAS ROPAS DE LA MÁQUINA
Cuando ya estén lavadas, saca las prendas del lavarropas enseguida. La ropa que te olvidas en la máquina quedan muy arrugadas y después exigen más gasto de energía para plancharlas. Y más trabajo.

18. TOMA BAÑO DE DUCHA
De vez en cuando es recomendable y saludable tomar un buen baño de inmersión en la bañera. Pero habitualmente elige bañarte bajo la ducha, pues ésta consume hasta cuatro veces menos de energia y agua.

19. USA MENOS AGUA CALIENTE
Calentar el agua consume mucha energía. Para lavar vajillas o ropas, si es necesario elige usar agua tibia o fría.

20. TIENDE LA ROPA EN VEZ DE USAR UNA SECADORA
Puedes economizar más de 317 kilos de gas carbónico al año si a la secadora la usas sólo cuando no tienes otra opción (por ej. cuando llueve). Prefiere siempre tender la ropa al sol. Además, cuando se secan quedan con ese “lindo aroma a sol fresco”, como decía mi abuela.
   
23. REDUCE EL USO DE ENVASES
Envases chicos es sinónimo de desperdicio de agua, combustible y recursos naturales. Prefiere los envases grandes y de preferencia los retornables. No multipliques los envases de plástico que indigestan al planeta. Evita al máximo andar comprando botellitas de agua, lleva una tú mismo con agua de tu propia casa (si le pones unos cubos de hielo te durará fresca varias horas).

24. COMPRA PAPEL RECICLADO
¿Sabías que producir papel reciclado consume de 70 a 90% menos energia de lo que consume el papel comun? Y de paso estamos usando menos árboles, ayudando a preservar nuestros bosques.

25. UTILIZA TU BOLSA DE COMPRAS
Bolsitas de plástico descartables son uno de los grandes enemigos del medio ambiente. Liberan gas carbónico y metano en la atmósfera y contaminan el suelo y el mar. Cuando vayas al supermercado lleva tu propia bolsa de compras. De última lleva tus propias bolsitas plásticas.

26. COMPRA ALIMENTOS PRODUCIDOS EN TU REGIÓN
Si haces esto, estarás ahorrando todo el combustible que se gasta para transportar el alimento que llega desde otras regiones. Y estarás incentivando el crecimiento de tu comunidad, de tu barrio, de tu ciudad. No es mejor y bonito?

27. COMPRA ALIMENTOS FRESCOS EN VEZ DE CONGELADOS
Comida congelada aparte de más cara consume hasta 10 veces más energía para ser producida. Y es un opción práctica que muchas veces ni vale la pena.

28. COMPRA ORGÁNICOS
Todavía los alimentos orgánicos son un poco más caros porque la demanda es pequeña. Pero además de generar comida más sana por no usar agrotóxicos, los orgánicos respetan los ciclos de vida de animales y encima absorben más gas carbónico de la atmósfera que la agricultura en gran escala. Ni hablar de las ventajas del sabor. Por lo tanto podrías incentivar el comercio de orgánicos para aumentar la demanda y  permitir que los precios vayan cayendo con el tiempo.

Ahh... y planta un árbol, en tu casa, en tu edificio...

Un árbol absorbe una tonelada de gas carbónico durante su vida.  Menos contaminación y más sombra, protección, frutos, flores, aromas, verde.


         reducereutiliza, repararecicla 


Has tomado nota? En verdad, todo parece una tontería, cierto? Ejercitar cada uno de esos hábitos suena tan insignificante... Pero convendrás que si los practicamos a todos juntos ya no es tan poca cosa, ya cobran un cuerpo mayor. Y si los multiplicamos por 365 días ya estaremos haciendo un aporte anual significativo. Si además de mí, ayudo a otros a hacer lo mismo... bueno, ya habremos avanzado en conciencia y en compromiso práctico. Y estaremos haciendo una digna colaboración para nuestra misma sobrevivencia y para heredar a nuestros hijos un planeta vivible, sustentable, en paz. q
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Compromisso

domingo, 18 de maio de 2014




“O que mais preocupa
não é nem o grito dos violentos,
dos corruptos, dos desonestos,
dos sem caráter, e dos sem ética. 
O que mais preocupa é o silêncio dos bons."

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Tras un paradigma pos-urbano

quarta-feira, 14 de maio de 2014



* Por Alú Rochya

Lhuella ecológica es un término creado por los ecólogos Mathis Wackernagel y William Rees, de la Universidad de British Columbia, Canadá, para denominar un indicador de sostenibilidad que marca los límites de la presión demográfica infinita sobre los soportes naturales finitos. Metafóricamente, la expresión se refiere a la marca que imprimimos y dejamos para atrás en nuestro caminar por el planeta. Compara los recursos naturales consumidos más los residuos generados a cada paso que damos o, más precisamente, a cada año, con la capacidad de la Tierra de absorver los residuos y generar nuevos recursos.

Con esa herramienta se calcula las hectáreas de territorio bioproductivo que son necesarios para generar todo lo que consumimos (desde la comida hasta la construcción de la casa) y asimilar lo que desechamos. Rees hizo la primera medición en la ciudad canadiense de Vancouver, donde la media de huella ecológica arrojó la cifra de 4,3 hectáreas por persona y por año. Sumando hoy más de 600 mil, los habitantes de Vancouver necesitan alrededor de 2.500.000 ha para soportar sus niveles de consumo. En tanto el área de toda la ciudad cubre apenas 11.400 ha.

Esto significa que Vancouver necesitaría un área 219 veces mayor a la actual. Como no dispone de esa área, precisa procurar su abastecimiento fuera de sus límites, en otras partes de Canadá y en otras partes del globo. Es decir que para mantener el nivel de consumo de sus habitantes, es preciso que otras regiones y hasta otros países extraigan materiales y energía de su propio suelo y se lo pasen a los vancouverianos. Puede entenderse, entonces, la extensión y profundidad del impacto ambiental que generan las actuales ciudades, en especial las del llamado Primer Mundo.

Si además se tiene en cuenta que la huella ecológica promedio del planeta se ubica cerca de las 3 ha y que la biodisponibilidad es de aproximadamente 1,8 por habitante, queda claro que se está extrayendo de la naturaleza a un ritmo mayor del que la naturaleza necesita para regenerarse. Y se evidencia la insustentabilidad actual del mundo, dominado por un modelo económico productivista, traccionado por un ideal de consumo materialmente imposible de ser realizado por todos.

Ciudad-mercadería, ciudad-empresa
La oleada neoliberal que globalizó los negocios hizo de la ciudad una variante más del modo de ser esencial del capitalismo: la acumulación de capital y el consumo de bienes y servicios. El veloz proceso de concentración verificado en la última parte del siglo XX se expresó también en la aglutinación de consumidores.

Si te detienes a pensar, podrás reparar que las ciudades de alta concentración de habitantes resulta funcional a ese modelo de producción, consumo y acumulación. Por qué? Porque significa más mercado, menos costos, mejor control de los comportamientos, mayor efectividad de la manipulación de deseos, gustos, tendencias, ilusiones. La ciudad se transforma así en un gigantesco mostrador comercial que puede servir a los objetivos del globalitarismo videofinanciero pero deja de servir a los ciudadanos, que apenas consiguen experimentar una ciudadanía limitada y de baja densidad.

Hacia finales de la década de 1970 comenzó a esbozarse un nuevo concepto urbanístico: planeamiento estratégico urbano. El rótulo hoy está bastante difundido por organismos multilaterales como el Banco Mundial, el BID, UN-Habitat e otros. Se estimula el crecimiento urbano a partir de considerar a las ciudades como “máquinas de producir riquezas”.

Y, en consecuencia, el principal objetivo del planificador es “aceitar la máquina”. Es en ese concepto neoliberal donde se reduce la ciudad a mera mercadería.

Urbanista y consultor internacional, Jordi Borja forjó su reputación como vice alcalde de Barcelona, imprimiendo a su gestión los conceptos con que él mismo define los que es una ciudad global: “...aquella que por su tamaño, por la importancia de su espacio regional, por la voluntad política que expresa, por la iniciativa económica y cultural de su sociedad civil y por sus posibilidades de desarrollo, es un centro nodal, competitivo a nivel global”.

Para Borja, la ciudad es como una empresa de proyección mundial. Los líderes del movimiento Eurociudades, que agrupa a los 50 centros urbanos mas importantes de Europa lo dicen con todas las letras y llaman a las grandes capitales de multinacionales europeas. Para José Chacon de Assis, presidente del Consejo Regional de Ingeniería y Arquitectura de Rio de Janeiro ese modelo “no parece contemplar debidamente los conocimientos, la creatividad y la experiencia inventiva de los movimientos sociales que se esfuerzan por construir una ciudad cívica, donde se pueda consolidar una verdadera cultura de los derechos”.

Barcelona ha devenido en ejemplo de ciudad del pensamiento único. La renovación impulsada para las Olimpíadas de 1992 fue presentada como un éxito a ser imitado. Hoy aquellos cambios son vistos como los factores decisivos para cristalizar la fragmentación urbana que padece la capital de Cataluña. Operaciones similares realizadas en París, Berlín, Bilbao y Lisboa son igualmente criticadas por expresar la concentración de poder y riqueza exigida por la globalización.


En la recta final del siglo pasado Buenos Aires, capital de la Argentina,  inició un proyecto en ese sentido que rediseñó la ciudad, creando zonas exclusivas para la residencia, los negocios y el esparcimiento de las clases altas, cuyo ícono es el complejo Puerto Madero. La renovación fragmentó la ciudad, vaciando los tradicionales escenarios urbanos de la clase media y empujando hacia la periferia y recluyendo en “guetos” a los sectores más pobres.

Es decir, la ciudad deja de ser el escenario donde todos actúan su vida e interactuán con los demás, para ser un lugar exclusivo a ser usufructuado por los adinerados.

En la búsqueda permanente de construir atractivas ofertas de mercado, la ciudad globalizada es una ciudad que abandona el pasado con facilidad y frecuencia. Y reconstruye el presente a imagen del presente hegemónico. La metrópoli se está rehaciendo constantemente; en la forma, la función, la dinámica y el sentido, pretendiendo la construcción de nuevos futuros. Se transformó en una ciudad líquida, que nunca consolida una identidad porque los negocios no tienen rostro, lengua, color, olor, cultura ni alma. Business is business.

Ciudadanos sin ciudadanía
Profesor de urbanismo en la Universidad Federal de Rio de Janeiro, Carlos Vainer critica a los catalanes y señala que la nueva cuestión urbana pasó a ser la problemática de la competitividad. “Ahora las ciudades pasan a competir por inversiones de capital, aportes de tecnología, generación de nuevos negocios y atracción de mano de obra calificada. Mientras cae en desuso la polis democrática se valoriza la city financiera”.

“La ciudad es una casa grande. La casa es una ciudad pequeña”. El axioma lo predicaban los griegos, entendiendo a la ciudad, a la polis, como algo más que un lugar geográfico. Para Aristóteles había tres tipos de área en la ciudad: pública, sagrada y privada. Y de tal modo, la ciudad resultaba en una esfera particular de la convivencia social, así como del modo de los hombres de estar en el mundo. Por tanto también de pensar y actuar; de expresarse y comunicarse; el modo de dar forma a ese mundo. La ciudad como un ámbito propicio a la realización plena del individuo y como una dimensión del espíritu con la cual se relacionan hasta las estructuras más secretas.


En el incesante proceso migratorio donde las personas abandonan el campo en dirección a los centros urbanos, un millón de personas se instalan en las ciudades del mundo cada semana persiguiendo esa utopía de vida. Sin embargo, tal modo de vida es cada vez más un deseo imaginario que una meta alcanzable, ya que las ciudades no garantizan mejoras directas para los recién venidos. María del Carmen Feijoó, oficial de enlace del Fondo de Población de la ONU en la Argentina defiende ese peregrinaje con dos datos ciertos y un enfoque ambiguo: "Si bien puede llamar la atención el deterioro en el que vive mucha gente, en las ciudades se tiene una sensación de ciudadanía que en el campo no”.

Más concreto resulta el documento Cities Transformed, un estudio encargado por la Academia de Ciencias de Estados Unidos. El informe presenta algunas certezas amargas. Admitiendo que muchas ciudades viven dinámicos procesos de crecimiento económico, atrayendo nuevos habitantes, señala que éstos no están obteniendo mejores estándares de vida que en sus orígenes rurales o de asentamientos pequeños.

El estudio señala que ahora los migrantes están más cerca de hospitales y escuelas, pero a menudo no pueden pagar tales servicios. Tampoco mejora la alimentación o la regulación de las enfermedades más virulentas, como el Sida. No se registran progresos en materia de vivienda, hábitat y salubridad. La globalización económica ha impuesto en las ciudades mercados muy volátiles, exponiendo a los habitantes urbanos de cualquier punto del planeta a los efectos de crisis periódicas. Así el trabajo se precariza y crece el empleo informal.

En el libro The Human Face of the Urban Enviroment (La face humana del ambiente urbano) Henry G.Cisneros traza un sintético y oscuro panorama: “Negados de toda posibilidad de acceder a una vivienda o un terreno en espacios urbanizados, los pobres pasan a habitar áreas en que los problemas ambientales son comunmente ignorados; donde el sistema de cloacas está deteriorado; donde el tratamiento del agua es inadecuado; donde las plagas infectan baldíos llenos de basura e invaden las casas; donde los niños comen desperdicios contaminados por sustancias tóxicas de fábricas abandonadas. Y lo peor: a pocos parece importarle algo de todo eso”.

Un modelo pos-urbano
Entre los expertos, gobernantes y pesquisadores se confrontan una diversidad de posturas, enfoques, ideas acerca de la ola urbanizadora que lleva legiones de peregrinos hacia las ciudades esperanzados en encontrar una dimensión civilizatoria que justifique el mismo hecho de vivir. Y también se debate acerca de la otra cara de la moneda que muestra ciudades desbordadas, colapsadas, que ni siquiera satisfacen a los millones que ya las habitan.


En la disputa de intereses surgen un sinfín de respuestas. Parciales, totales, técnicas, políticas. Y en la divergencia, una coincidencia se va imponiendo por su propio peso: la necesidad de alcanzar una organización urbana autosustentable.

La idea implica repensar el actual modelo depredador procurando un desarrollo de bajo perfil de energía y recursos naturales. Que satisfaga, simultáneamente, los criterios de viabilidad económica, utilidad social y armonía con el medio ambiente.

A partir de ahí, algunas ideas aparecen como lógicas. La primera es casi obvia: reducir la huella ecológica. Para ello se hace preciso impulsar fuertes acuerdos internacionales, orientados a ponderar mejor el equilibrio entre capital natural y capital financiero. También elaborar políticas que estimulen un consumo más frugal de las ciudades dispendiosas.

La segunda es encarar una reorganización territorial racional. Eso implica avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad, impulsando modos de asentamientos pos-urbanos que limiten el consumo exagerado de materias y energías naturales. Ciudades de pequeño y mediano porte, donde las personas tengan residencia, trabajo y esparcimiento, con bastante autonomía en relación al mundo externo.

En esa escala infinitamente menor que las de las grandes ciudades, el proyecto podría respaldarse ensayando modelos de complementariedad y cooperación que reemplacen el paradigma de la competitividad.

Sea como fuere, lo cierto es que gobernantes y gobernados deberán decidirse a tomar el toro por las astas, reconocer que las ciudades que hoy habitan son invivibles por insustentables y desalmadas y encarar un proceso de transición pos-urbano que debiera concluir en el paulatino vaciamiento de las grandes urbes y el florecimiento de millares de ecoaldeas diseñadas a escala humana. No te parece? q
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A corrupção dos princípios

domingo, 11 de maio de 2014

"Cada princípio corrompido agregou brutalidade à civilização. Os princípios merecem o nome porque sem esses nós sequer seríamos humanos, são virtudes inerentes à espécie. Bondade, verdade, beleza, esses são princípios reconhecidos por qualquer ser humano, por ser capaz de identificá-los. Não seriamos capazes disso se algo em nós não comungasse com essas virtudes.

O bem comum é o princípio que na atualidade tem sido negligenciado e corrompido por aqueles que, pensando fazer o certo para ganhar mais dinheiro, não perceberam que quando voltavam para casa com os bolsos gordos empurravam para suas famílias decadência e enfermidade. Quando um princípio é corrompido começa aquele processo onde o que parecia sólido se desintegra no ar".
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"Cada principio que se corrompió agregó brutalidad a la civilización. Los principios merecen el nombre porque son los que inician, los que nos fundan y sin ellos nosotros siquiera seríamos humanos. Los principios son virtudes inherentes a nuestra especie. Bondad, verdad, belleza son principios reconocidos por cualquier ser humano por ser capaz de identificarlos. No seríamos capaces de eso si algo en nosotros no comulgase con esas virtudes. 

El bien común es el principio que en la actualidad ha sido negligenciado y corrompido por aquellos que, pensando hacer lo correcto para ganar más dinero, no percibieron que cuando vuelven a sus casas, con los bolsillos gordos, empujan a sus familias a la decadencia y a la enfermedad. Cuando un principio se corrompe comienza aquel proceso donde lo que parecía sólido se desintegra en el aire". q
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Una bicicleta para vivir mejor

quarta-feira, 7 de maio de 2014



Los problemas de las grandes ciudades han terminado por hacerlas inviables y para la inmensa mayoría de la gente vivir una vida digna y llevar a cabo sus sueños personales se ha convertido en una ilusión inalcanzable. Las ciudades ya no tienen solución. Pueden aceptar paliativos, pero no soluciones. La única solución es terminar con el actual diseño de ciudades y proyectar otros tipos de asentamientos que, en vez de tener en cuenta las necesidades financieras del mercado, tengan en cuenta las necesidades humanas, organizando la vida a escala humana.

Pero mientras le vamos encontrando la vuelta al asunto, bueno es que ensayemos ciertos paliativos, ciertas respuestas que nos permitirán comprender mejor el fondo de la cuestión, aliviar un poco nuestra locura, rescatar algo de nuestra acosada salud y proyectar prácticas para esos nuevos tipos de asentamientos humanos. Y una de esas felices prácticas es el uso cotidiano, sostenido y generalizado de la bicicleta.

Tarde, aunque mejor que nunca, los líderes de las grandes ciudades latinoamericanas van comenzando a comprender los beneficios de incorporar la bike como parte del sistema de transporte organizado de los centros urbanos, alentando su uso, creando condiciones para ello y combinando ese medio de locomoción con los medios tradicionales.

Dos metrópolis aparecen como las más convencidas y se erigen como un ejemplo a imitar por las urbes de la región. La Ciudad de México -o México DF- y la ciudad de Bogotá. Ambas están invirtiendo en transportes alternativos como forma de reducir la cantidad de automóviles en las calles y mejorar la calidad del aire. En la capital mexicana el espacio para las bicicletas ocupan las avenidas todo día domingo y el paseo familiar se hace sobre dos ruedas. La capital colombiana, pionera en este tema, lleva 35 años sosteniendo el sueño de la bici.

En Ciudad de México, la Avenida Paseo de La Reforma queda totalmente cerrada al transporte habitual y transformada en un apacible paseo. Y las personas pedalean, andan de patines, o mismo de a pie. Son 24 km exclusivos para bicicletas, de las 8 a las 14 horas de cada domingo. Para la semana entera la ciudad dispone de más de 100 km de ciclovías.

Como en otros conglomerados, en Ciudad de México el 50% de los viajes que la gente realiza diariamente registra una distancia menor a los 8 km y en ese caso la bicicleta resulta un medio de transporte más eficiente que cualquier otro.


Sostenible, saludable y divertido

La ciclovía de Bogotá ya tiene 37 años, fruto del sueño de un grupo de estudiantes que, probablementre, no se dieron cuenta de la trascendencia de lo que hicieron. Hoy son 121 km sólo para ciclistas. En época de vacaciones, los feriados y domingos la pista suele recibir hasta 1,5 millón de personas de todas las edades y clases sociales. A lo largo de la ciclovía un equipo de 220 auxiliares prestan diversos servicios y orientaciones a los usuarios.

Claro que todavía se está lejos de países como Dinamarca, Francia u Holanda. En Amsterdam, por ejemplo, el 50% de los desplazamientos de personas se hacen en bici, después de años de prédica e inversiones realizadas de manera decidida por los holandeses.

Ahí tenemos una clave del asunto. Las autoridades municipales de Bogotá entienden que la acción sólo da resultado por causa de las inversiones del poder público. Reconocen como obvio que va a costar dinero abrir una ciclovía. Que implica tener más guardias civiles, más señalización. Pero también implica tener más salud, más vida. Lo que también significa tener mucho menos gastos en ese rubro. Es decir, crear condiciones para el uso popular de la bicicleta es una apuesta de la voluntad pública.

Tal vez ya te consideres ciclist@ full time. Pero si aún no te has animado a encararlo, date un ánimo y prueba. Si buscas concienzudamente, con seguridad hallarás en tu ciudad algún grupo de ciclistas que pueden orientarte y ayudarte en tu iniciación. Al final, si paras para pensar un poco, verás que estamos hablando de un medio de transporte sostenible, que humaniza las ciudades, combate el sedentarismo, amplía nuestro tiempo disponible, suele ser divertido y, por si fuera poco, proporciona una grata sensación de libertad. No será la vida tranquila y nutriente de una aldea ecológica, pero ya habrás avanzado hacia un modelo de vida más sano, más racional, más provechoso y hasta divertido. q
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