Los remedios que guarda el mar

sábado, 11 de julho de 2015



Brighton es una pequeña ciudad de 160.000 habitantes, enclavada en la costa sur de Inglaterra, a 1 hora de tren de Londres y codiciado destino turístico de unos 8 millones de viajantes cada año. Mucho antes de ser conocida entre los ingleses como la London-by-the-sea fue un pueblito de pescadores sajones que se fueron estableciendo a partir del siglo 5. Recién a mediados de 1700 comenzó a ofrecerse como una alternativa de descanso y reparación para cuerpos enfermos y fatigados hasta convertirse en el cotizado balneario de estos días. Y el más notorio agente de esa transformación fue el médico británico Richard Russel, quien le devolvía la salud a niños pálidos, débiles y deprimidos con una terapia única, simple y de bajo costo: baños de mar.

Russell observó que las personas, y en especial los niños, que habitaban en los pueblos costeros tenían en general mejor salud que los del interior. Era el caso, por ejemplo, de la población de Brighton, donde finalmente él mismo se estableció para desenvolver mejor lo que vendria a ser llamado como talasoterapia, que no es otra cosa que la utilización com fines terapeúticos del aguar de mar, el bioclima marino, la arena, el sol  y las diversas sustancias y productos de origen marítimo como lodos, algas, yodo, sales y placton entre otros.         

En rigor de verdad, Russel volvió a iluminar lo que el oscurantismo de la Edad Media había ocultado. En prácticamente todos los lugares y en todas las épocas se ha considerado que el mar tiene el poder de proporcionar fortaleza. Los héroes de las epopeyas de Homero, por ejemplo, salían del mar plenos de energía. Los médicos de la antigüedad, desde el padre griego de la medicina, Hipócrates, hasta Avicena, pasando por Celso y Galeno explicaron las virtudes terapéuticas del mar y lo recomendaron fervorosamente para recuperar la salud perdida.

Y esa recomendación se ha visto fortalecida en estos tiempos por parte de médicos expertos en enfermedades reumáticas, traumatológicas, dermatológicas, del sistema respiratorio o del sistema venoso y linfático que vienen llevando adelante una puesta en valor de las curas marinas.


A continuación podrás apreciar algunos beneficios a tener en cuenta, que se convierten en saludables razones para que incluyas en tu agenda “obligatorias” visitas a la playa, exponiéndote al sol, la brisa marina, el agua salada y la tibia arena la mayor cantidad de veces y duración posibles, haciendo tu propia telasoterapia:

Menos estrés y mejor sueño. La ionización negativa de la brisa marina aumenta los niveles de serotonina, con lo que comienza a disminuir los niveles de ansiedad. El ejercicio físico que se realiza durante la natación, favorece el enlentecimiento del ritmo cardíaco, una mejor oxigenación de los tejidos y mejora la circulación periférica. Además el sol y el calor tienen efectos sedantes, por lo que tras un baño, la fatiga acumulada por el esfuerzo facilita la relajación y la inducción al sueño.

Relajación muscular. El golpeo rítmico del oleaje contra nuestro cuerpo cuando caminamos, saltamos o rompemos olas actúa a modo de masaje relajante y a la vez energizante. La disminución de los efectos de la ley de gravedad hace que el peso de nuestro cuerpo disminuya, y eso permite que podamos mover rodillas y cadera con una carga menor, lo que beneficia la nutrición de los cartílagos, a la vez que evitamos cualquier daño. También tendremos el beneficio provocado por mejorar el retorno venoso y realizar un buen drenaje linfático, todo ello debido a la mayor presión que hay dentro del agua.


La química natural. Al contrario que el agua dulce, el agua salada tiene una composición mucho más compleja y de hecho adquiere su característico sabor salado por la alta concentración de sales minerales que están disueltas, rica en cloruros, sodio, magnesio, calcio, potasio, yodo, etc. Esta riqueza mineral aporta diferentes efectos sobre el organismo, entre los cuales se destaca la acción antialérgica sobre la piel y el aparato respiratorio; la acción descontracturante muscular; la relajación del sistema nervioso; la reactivación circulatoria de los tejidos; el efecto antioxidante para paliar el envejecimiento de la piel; la acción oxigenante a nivel celular; la fijación del calcio en procesos de osteoporosis; la mejora del ritmo cardíaco y la mejora de la función muscular.

La brisa aliada de los pulmones. La brisa marina actúa como una especie de aerosol o spray natural muy rico en yodo, perfecto para regular la glándula tiroides y por el grado de humedad, ayuda a la expulsión de moco. Al respirar esta brisa marina el ritmo cardíaco se hace más lento y mejora la circulación periférica, aumenta la amplitud de los movimientos respiratorios, mejorando la ventilación pulmonar, aumenta la hemoglobina y hematíes y fijación de oxígeno. El aire marino, además, produce ozono de forma natural con propiedades bactericidas que también previene enfermedades respiratorias.


Reconocer la funcionalidad del cuerpo. Un simple paseo por la arena, a primera hora de la mañana o última de la tarde, nos hace mejorar la propiocepción en las articulaciones del pie, rodilla y cadera, lo que significa que nuestro propio cuerpo va reconociendo sus capacidades y habilidades funcionales para producir mejores respuestas a nuestra necesidades de movilidad. Simultáneamente se regenera la piel de la planta de los pies, una protección clave pues pasamos gran parte del tiempo erguidos. Y si la caminata la hacemos mojándonos las extremidades inferiores, refrigeramos el organismo, ya que desde la planta del pie se bombea la sangre hacia el corazón. Así, este paseo a un buen ritmo, es decir, a unos 5-6 Km/h, va a ir adaptando nuestro organismo y tonificando la musculatura de piernas y muslos.

Ejercicios físicos para el cuerpo y el alma. Aire, sol, sensación de libertad. En la playa, nos sentimos estimulados para realizar ejercicios físicos que jamás encaramos en nuestra cotidianeidad. La actividad física es el mejor medicamento para ayudar a quemar calorías y por tanto reducir peso y prevenir la diabetes tipo 2 que, a menudo, está ligada al sobrepeso. La práctica de ejercicios contribuye al bienestar psicológico pues se liberan unas hormonas llamadas endorfinas que favorecen un buen estado general y un mayor rendimiento intelectual. Se tiene más capacidad para concentrarse, para hacer varias cosas a la vez, para planificar actividades y hasta para organizar mejor el trabajo diario. También es estimulada la secreción por parte de las neuronas de nuestro cerebro de un neurotransmisor, la serotonina, hormona relacionada íntimamente con la emoción, la armonía y el estado de ánimo, y que además regula el apetito mediante la saciedad. Y es un gran antídoto contra la ansiedad y la depresión.

Ahh, y como dice Juanito, si te toca llorar, es mejor frente al mar... 







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